Acueducto Rural Guacio: algo más que un acueducto

Categorías: Historia.

Dra. Helen Santiago -Fundación: En 1965 Braulio Méndez (1925-2006) estaba sentado en la sala de su casa, en el sector Boquerón de Guacio, viendo televisión. Era el único televisor en toda la comunidad. El programa gubernamental Educación a la Comunidad cautivó su atención. Orientaba sobre cómo llevar agua a las casas mediante un esfuerzo comunitario.

Boquerón quiere decir abertura grande. Para entender el posible origen del nombre hay que entender la topografía del lugar. El que va por la carretera de San Sebastián a Las Marías empieza a subir consistentemente desde que cruza el río Sonador. Al llegar la carretera al punto más alto, se encuentra de frente con un “boquerón”, un inmenso espacio libre de montañas con el río Grande al distante fondo. Los antiguos habitantes escogieron la bajada al río (o la subida desde el río) por el suroeste del boquerón porque llevaba gradualmente, entre muchos recovecos, caños y una quebrada, al paso más ancho y menos peligroso del río. El caudal que tiene hoy el río no es más que una sombra de lo que fue hasta hace varias décadas atrás. El trecho del camino inmediato al boquerón fue construido al filo de un gran precipio. La peligrosa curva del boquerón fue seguramente “detectada” por las autoridades después de la construcción del centro comunal en la década del ‘90 y fue ampliada considerablemente. Desde Boquerón hasta el puente, el sector esta prácticamente inhabitado; parece una reserva forestal.

Hacia el este del boquerón, otra fue la historia. La cima de la montaña fue suficientemente ancha como para construir casas a ambos lados del camino. Pero el nombre de los dos sectores de la montaña, en las dos escabrosas bajadas -Salsipuedes y Fondo ‘el Saco- hablan a voces de la topografía y de aislamiento. El sector es cerrado; el que entra y sale es porque vive allí.

Todavía para 1965 Boquerón no tenía agua potable. Habían pasado casi cuarenta años desde que el primer acueducto fue establecido en las principales calles del centro urbano de Pepino en 1928. Desde mediados de la década del 1940 el gobierno emprendió un masivo programa para llevar agua y electricidad a la zona rural, pero a Guacio sólo había llegado la electricidad. En Boquerón las mujeres y niños todavía buscaban el agua en latones de manteca en el manantial más cercano, a menudo dentro de los confines de sus propias fincas, pues los manantiales en esa zona son muy numerosos. Boquerón tampoco contaba con una carretera pavimentada. Como medio de transportación de carga los vecinos usaban el caballo o un Jeep reforzado para llegar hasta la carretera estatal.

Braulio Méndez le propuso a su círculo estrecho de vecinos unirse para conseguir un acueducto. Desde que había llegado de Lares en 1950 había trabado amistad con algunos pequeños agricultores que, como él, cultivaban caña, café y frutos menores. A Méndez se unieron Ramón (Moncho)Arce López, Alberto Martínez, Pablo Vélez Valentín y Juanito Ortiz. En época navideña era costumbre de estas familias reunirse para festejer. Tenían muchos hijos; era gente honrada, humilde y servicial -relata Teresa Torres Quiles en su reseña sobre el Acueducto Rural Guacio.

No existían entonces condiciones favorables para el desarrollo de la autogestión comunitaria. No muchos creyeron que un minúsculo grupo de personas con escasa escolaridad podía montar un acueducto. (Braulio Méndez había estudiado hasta el segundo grado.) Los sistemas de acueductos que los municipios habían establecido originalmente en los pueblos, como el de San Sebastián en 1928, probaron ser altamente ineficientes. La política pública de centralización de los servicios públicos a partir de 1940 fue muy exitosa. Los servicios de agua y electricidad mejoraron extraordinariamente. Por eso no sorprende que la administración del alcalde Rafael (Fey) Méndez (1956-1968) se caracterizara por una profunda y absoluta confianza en el gobierno estatal. El grupo de Boquerón fue informado por Educación a la Comunidad que para obtener las ayudas gubernamentales tenía que incorporarse y tener una junta directiva. Después de ver un abogado de Servicios Legales de Puerto Rico, el día 10 de diciembre de 1968 el grupo fletó un carro público que lo llevó al Departamento de Estado en San Juan. Se incorporó con el nombre Acueducto Rural Guacio.

La obtención de una certificación de incorporación en enero de 1969 fue sentida como una victoria de grandes proporciones. A partir de esa fecha los incorporadores trabajaron incansablemente para reunir fondos: solicitaron la ayuda gubernamental, hicieron colectas, vendieron rifas casa por casa, de gallera en gallera, y en oficinas de gobierno, dondequiera se reuniera gente. Al conocerse el proyecto se unieron más vecinos. De cinco familias crecieron a veintiuna.

El acueducto tardó dos años en construirse. Juanito Ortiz donó el terreno con el llamado “Pozito el Mundo”. Los vecinos construyeron una represa, un algibe y un tanque en el cerro más alto de la comunidad. Con la instalación de un motor se bombeaba el agua desde el algibe al tanque para que el agua llegara a las casas por gravedad. El tanque tenía capacidad de 16,000 galones. Como en los tiempos del primer acueducto de Pepino en 1928, no había control alguno sobre la calidad de agua. Cada familia pagaba $3.00 mensuales para cubrir el costo de la electricidad. La carretera de Boquerón fue pavimentada por el municipio en 1973.

Expansión

A lo largo de la década del ‘70 muchas otras familias se conectaron al acueducto. Para principios de los años 80 ya el acueducto había llegado al sector La Loma, al oeste de la carretera estatal. En total, el acueducto cubrió casi cinco kilómetros: dos hacia el este, desde la entrada de Boquerón al interior del sector, y 2.5 hacia La Loma, hasta cerca de la colindancia con el Bo. Mirabales. En 1984 más de 80 familias estaban conectadas. Con la extensión del acueducto, el servicio sufrió contínuas interrupciones. El tanque de 16,000 sencillamente no alcanzaba a suplir la demanda. Además, el servicio de electricidad se interrumpía con frecuencia, interrumpiendo a su vez el servicio de agua.

Varias acciones fueron tomadas por la comunidad. Para mejorar la calidad del agua, en 1987 el pozo superficial fue sustituído por un pozo hincado a 300 pies de profundidad. Para resolver el problema de electricidad, el presidente y fundador del acueducto, Braulio Méndez le escribió al gobernador. El problema fue resuelto. El otro asunto que acaparó los esfuerzos fue la necesidad de un lugar de reunión. Para 1987 el Acueducto había obtenido cinco asignaciones: una de la Corporación de Desarrollo Rural ($25,000) y cuatro de los barriles legislativos (senador Antonio Faz Alzamora: $20,000; Rep. Benjamín Soto: $10,000; senador Deynes Soto: $5,000; y Hernán Peña: $3,000). Todas estas asignaciones fueron puestas bajo la custodia del municipio.

El vertedero de Guacio

Mientras el Acueducto estaba enfocado en expandir y mejorar sus servicios, en 1979 el municipio compró un predio de 25 cuerdas en Guacio, que usó como vertedero sin contar con el permiso de la Junta de Calidad Ambiental. En 1987 el Acueducto logró un interdicto permanente que impidió usar el terreno como vertedero. No muy lejos de Guacio -entre Culebrinas y Calabaza- estaba el vertedero del municipio desde 1960. A la fetidez, las moscas y el humo que caracterizaban al vertedero, se sumaba el peligro de contaminación de las aguas del Acueducto.

El interdicto coincidió con las asignaciones de fondos recibidas por el Acueducto y que estaban bajo custodia del municipio para su administración. Por los siguientes tres años, el municipio no tomó acción alguna respecto a la construcción del centro comunal. Finalmente, en 1990 el Acueducto solicitó a la asamblea municipal que le informaba el status del proyecto; que le diera las razones por las que el proyecto no se había construido. El desenlace fue que el Acueducto perdió las asignaciones. A partir de 1989, y hasta hoy, el muncipio paga una elevada suma anual para llevar sus desperdicios a otros pueblos.

La nueva administración municipal instalada en enero de 1993 intentó revivir el proyecto del vertedero de Guacio. Quizás a modo de persuación, el municipio construyó el ansiado centro comunal en la Carr. 119, el último de los cinco centros que existen en su jurisdicción. De los cinco, el de Guacio es el de menor uso. El Acueducto Rural Guacio no fue atraído a usarlo. La identidad de la comunidad de Boquerón está estrechamente ligada a su territorio particular, que es de la carretera hacia el interior. Para ellos el centro comunal del municipio está “lejos” y en un monte solitario. No bien se había construido ese centro comunal, el Acueducto comenzó a construir el suyo, primero con sus propios recursos, pero luego auxiliado con fondos de la Corporación de Desarrollo Rural. A diferencia del centro municipal, tiene agua. El centro, bautizado Braulio Méndez, es usado para las reuniones del Acueducto, para actividades particulares de los miembros y para la ocasión más especial de todas, que es la tradicional fiesta de Navidad, celebrada desde los inicios de la organización.

Tres administraciones municipales de dos partidos políticos, bajo la dirección de los alcaldes Ramón Román, Silverio Salas y Justo Medina, intentaron infructuosamente de subordinar la organización de base comunitaria. La comunidad pudo resistir por su larga solidaridad y porque en juego estaban nada menos que sus derechos humanos y civiles.

Nuevo acueducto

En 1989 el Acueducto adquirió dos cuerdas de terreno con el propósito de construir un nuevo tanque de agua con mayor capacidad de almacenamiento. Ya para la década del ‘90 el servicio era suspendido varias veces a la semana. Según un estudio del Departamento de Salud, el pozo existente bombeaba 25 galones por minuto. Despues de las debidas orientaciones del Servicio de Extensión de Agrícola del Recinto de Mayagüez, de Conservación de Suelos y de la Agencia de Protección Ambiental, en 1994 comenzó un nuevo ciclo de solicitud de ayuda. Fueron enviadas cartas a la Corporación de Desarrollo Rural, a la legislatura y al municipio. La construcción del tanque fue financiada por la National Rural Water Association y por la Farmer’s Home Administration.

La construcción de un tanque con capacidad de 52,000 galones de agua, más de tres veces la capacidad del antiguo tanque, se inició en 1997. Aunque fue construido por un contratista, diez voluntarios de la comunidad aportaron en conjunto veinte días laborables. La segunda etapa fue la instalación de nueva tubería de cuatro pulgadas de 1998 al 2000. A lo largo de un año en que los abonados estuvieron desconectados, el municipio suplió camiones de agua. La tercera etapa fue la instalación de un pozo de más de cuatrocientos pies de profundidad por la Corporación de Desarrollo Rural en 2006.

A lo largo de todo este proceso de reconstrucción del acueducto, fue vital la asesoría recibida de RCAP Solutions (Rural Community Assistance Partnership Solutions), una corporación sin fines de lucro con base en el estado de Massachussetts, y que recibe fondos federales con el fin de asesorar comunidades para cumplir con los reglamentos de calidad de agua. La ingeniera Josefa Torres, más que una funcionaria cumplidora de su deber, ha sido una madrina de los acueductos comunitarios.

El Acueducto paga por un muestreo bacteriológico mensual y anualmente paga por uno químico. Debido al alto costo del segundo, ha dependido de asignaciones legislativas o municipales o donaciones privadas. El Acueducto sigue cobrando exclusivamente por el costo de la electricidad. A partir de 1999 ha habido tres aumentos; el más reciente elevó la tarifa mensual a $20. Todavía aspiran a tener contadores para que la distribución del pago sea más equitativa.

Comunidad Especial

En abril de 2003 el programa de gobierno Comunidades Especiales convocó al Acueducto a una primera asamblea. El principal objetivo del emblemático programa de la gobernadora Sila Calderón fue erradicar la pobreza incorporando a las comunidades en la solución de sus problemas. Boquerón fue añadida a la lista de las comunidades especiales. Desde que conocieron del Acueducto, los funcionarios quedaron muy impresionados por su administración.

El somero estudio realizado por el programa para definir el perfil de la comunidad corroboró lo que a todas luces era obvio. La tasa de desempleo es de 54% y 49% de los hogares tiene ingreso mensual menor de $500. El 20% de las viviendas están construidas de madera, cemento y zinc. Uno de cada cinco de los entrevistados no posee título de propiedad. Una de cada cuatro familias está encabezada por una mujer. Entre la población de 25 años o más, 68% no ha completado escuela superior. La tasa de analfabetización es de 10.7%.

Comunidades Especiales se comprometió a mejorar la carretera de Boquerón y a añadir al centro comunal baños, cocina, empañetado exterior, equipo de juego para niños y computadoras. El anuncio de subasta para las construcciones que apareció en el periódico fue por la suma de casi medio millón de dólares. Otras cotizaciones habían sido mucho más modestas. Después de numerosos estudios que se siguieron unos a otros y de mejoras que hubo que reconstruir, la comunidad se quedó con la impresión -y la desilución- de que la mayor parte del dinero se había diluído antes de llegar a ella.

La red de acueductos independientes

La lista oficial de los acueductos independientes en Puerto Rico del 2004 era de 239. Otros existentes, pero sin permisos, se niegan a identificarse por el costo que representa cumplir con la reglamentación de calidad de agua. La mayor parte de los que funcionan cumpliendo con las leyes (65%), rechaza la posibilidad de unirse a la Autoridad de Acueductos y Alcantarrillados (AAA). Entre ellos se encuentra el Acueducto Rural Guacio. La calidad de su agua cumple 100% con la reglamentación vigente en Puerto Rico y su servicio es ininterrumpido. No puede decirse lo mismo del servicio que recibe el colindante barrio de Mirabales de la AAA, y cuya penúltima interrupción duró dos meses.

Recientemente el presidente del Acueducto, Edwin Martínez, fue invitado por el municipio de Maricao a compartir con una comunidad de allí que tiene su propio acueducto el secreto de su éxito. Martínez termino su charla diciendo: “De aquí no salimos hasta que eligan una directiva.” A diferencia de Guacio, el municipio de Maricao ha tenido que administrar y subsidiar ese acueducto. Con la crisis económica y fiscal de los últimos años, y sin una recuperación todavía a la vista, son las organizaciones comunitarias, con todas su madeja de diferencias internas, las que podrán llegar a las soluciones de sus problemas.

El año pasado el Acueducto celebró por todo lo alto su 40 aniversario. Uno o dos barrios de Pepino tuvieron una organización comunitaria a fines de la década del ‘60, pero sus fines fueron deportivos. Ninguna tuvo que arrancar a cuentagotas, de oficina en oficina, el conocimiento técnico y el respaldo financiero para lograr su fin, que en el caso del Acueducto era de primerísimo orden. La lucha, en lugar de debilitarlos, los fortaleció. El ejemplo de Braulio Méndez es fuente de inspiración.

Nota: Mi agradecimiento a Teresa Torres Quiles (la miembro más activa que tiene el Acueducto en la actualidad) por redactar una reseña histórica para uso de este artículo. La reorganización del archivo permitió complementar la reseña con fechas y datos específicos. La interpretación de cómo o por qué sucedieron los acontecimientos es de mi sola responsabilidad.

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Doctorado en Historia de Puerto Rico y el Caribe de la Universidad de Puerto Rico; maestría en Religión del Seminario Evangélico de Puerto Rico y certificación en Administración de Archivos y Documentos de la Universidad de Puerto Rico

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