Caoba

Categorías: Maderas.

Dr. José A. Mari– Swietenia mahagony, S. macrophylla (Meliaceae). El nombre caoba se emplea para una gran variedad de árboles porque cualquier madera con este nombre es bien recibida por el consumidor. La caoba blanca, la caoba filipina, la caoba de pantanos y la caoba real, entre otras, provienen de árboles muy distintos de los que producen la caoba que crece en Puerto Rico: caoba dominicana (Swietenia mahagony), caoba hondureña (S. macrophylla) y el híbrido entre ambas, conocido como caoba híbrida o caoba Santa Cruz.

La caoba es un árbol caducifolio grande, capaz de alcanzar los 150 pies de altura, con tronco de 6 pies de diámetro. La caoba hondureña crece más rápido, pero con el tiempo la dominicana también alcanza un gran tamaño. El árbol se caracteriza por su copa densa, extendida en la caoba hondureña y redondeada en la dominicana; su corteza grisácea y agrietada que se desprende en placas; sus hojas compuestas por hasta 12 hojuelas; sus abundantes florecitas amarilloverdosas que perfuman el aire; y sus frutas capsulares duras. La caoba hondureña tiene hojas grandes, la dominicana las tiene pequeñas y el híbrido las tiene intermedias (ver fotografías); lo mismo sucede con las frutas y las semillas. Las hojas se tornan amarillas hacia finales del otoño; luego de caídas la mayoría de las hojas, las frutas abren para liberar las semillas, que se dispersan con el viento girando como aspas de helicóptero. Poco después aparecen las hojas nuevas, seguidas por las flores. Este proceso sucede generalmente entre enero y abril. La caoba hondureña es el árbol nacional de Belice, mientras que la flor de la caoba dominicana es la flor nacional de la República Dominicana.

La caoba dominicana es nativa del sur de la Florida, las Bahamas, Cuba, Jamaica y la Española, mientras que la hondureña es oriunda de Centro y Sudamérica. La primera se trajo a Puerto Rico hace más de 200 años y la segunda alrededor de 1905. El híbrido se descubrió en el 1935. La caoba se ha sembrado a través de los trópicos y hay plantaciones grandes en lugares tan distantes como la India e Indonesia. El árbol se ha sembrado extensamente en bosques, fincas, casas, parques, carreteras, centros comerciales y recintos universitarios. La caoba hondureña requiere más humedad y por lo tanto crece mejor en el norte de la Isla, mientras que la dominicana crece bien en toda la Isla excepto por los lugares más húmedos.

La albura es de color crema y se distingue fácilmente del duramen, que es inicialmente rosado pero que con el tiempo adquiere el típico color rojizo dorado que asociamos con esta madera. La caoba dominicana es moderadamente pesada y de grano más cerrado, mientras que la hondureña es moderadamente liviana y de grano más abierto. El híbrido tiene características intermedias. Todas secan al aire con rapidez y pocos defectos. La fibra es por lo general recta, pero puede ser moteada, alistada, ondulada o rizada, produciéndose algunas tablas muy atractivas. Los anillos de crecimiento son más o menos conspicuos dependiendo del lugar donde creció el árbol. La caoba no produce olor característico al cortarse, es una de las maderas más estables ante los cambios de humedad y es muy fácil de trabajar; de hecho, sus propiedades físicas son tan buenas que se considera el estándar internacional de calidad para comparar las demás maderas.

Esta es la madera más común en los aserraderos locales y una de las más usadas por artesanos y ebanistas. Se emplea para todo tipo de proyectos, incluyendo muebles, instrumentos de cuerda, tallas, trabajos torneados, como superficie para pirograbados y para artesanías diversas. Los bancos de las iglesias y los muebles producidos durante el siglo 20 por las ebanisterías locales son mayormente de caoba hondureña importada de México y de Sudamérica, mientras que los muebles isabelinos y de otros estilos clásicos producidos durante el siglo 19 y antes son de caoba dominicana importada de Cuba o de la República Dominicana. Algunos fabricantes de muebles clásicos usaron caoba dominicana cosechada localmente.

Durante cuatro siglos, la caoba se exportó en grandes cantidades desde Cuba, Jamaica y la República Dominicana hacia Europa y Norteamérica para la construcción de los más finos muebles clásicos. Su explotación intensa y su uso para todo tipo de propósitos, incluyendo construcción, postes, traviesas de ferrocarril y hasta leña para las centrales azucareras, hicieron que su exportación terminara a principios del siglo 20. Entonces aumentó el uso de la caoba hondureña, cuyo comercio está regulado actualmente por el tratado CITES (Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Flora and Fauna).

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Nació y se crió en Mayagüez. En los años 70, completó un bachillerato en Zoología. Eventualmente, obtuvo un grado doctoral en Entomología de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. De vuelta al Recinto, impartió sus conocimientos como profesor en el Departamento de Biología por 35 años, donde fungió también como director. Se desempeñó además como Director de la Oficina de Publicaciones de la Facultad de Artes y Ciencias, Director de la Oficina de Estudios Graduados y Director de la Biblioteca General. Por doce años, fue editor del Caribbean Journal of Science, revista científica de nuestra facultad.

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