Archives for Leyendas

El Castillo de la Muerte

A un kilómetro de Canóvanas y cerca de la carretera que hoy conduce a Juncos, se alzan las ruinas del Castillo de la Muerte. Llamado así desde remotos tiempos por la horrorosa tragedia de sangre que ocurriera en él ,la noche del 13 de septiembre de 17…. Por eso los campesinos que conocen la leyenda de don Juan Aybar Ruiz (Señor de Loiza), no pueden evitar el estremecimiento al ver las ruinas y se persignan al pasar por el lugar , como si el espíritu del mal morase en ellas y las cubriese con sus negras alas. Hace muchos años los vecinos del barrio Cambalache vieron llegar al sitio un gran número de obreros, que acto seguido comenzaron a trabajar día y noche, hasta que tres meses más tarde, a orillas del río Canóvanas, se levantaba el hermoso “Castillo de Le Ham”. La rápida construcción del castillo, el sitio solitario donde lo edificaron y la llegada súbita de los dueños, daban la impresión de que venían huyendo. Era su dueño un español muy rico que había obtenido del Rey todas las tierras que comprenden Juncos y Canóvanas.Se hacía llamar don Juan Aybar Ruiz, Señor de Loiza. Vivía con él su Seguir Leyendo

El Coquí y la Fauna

Son varias las leyendas que cual telaraña tejídose han alrededor de este encantador y autóctono símbolo de la puertorriqueñidad. Cierto día después que el Ké (la tierra) y el Bagua (el mar) fueron divididos por Yocahú (dios supremo de todo lo creado) los animales grandes y pequeños habitaron la superficie terrestre. Yukiyú (dios del bien) había preparado una Cáiku (isla) muy parecida al Edén, llevó allí algunos animales escogidos por él. Entre la flora, la brisa y las estrellas todos los animales se durmieron. Yukiyú decidio darle a la noche un sonido melodioso. Quería una nana permanente y natural que nos sirviera de arrullo y compañía. Escogio de entre las ranas, una de ellas, la más pequeña, temerosa y resbaladiza, con grandes ojos azabache que se escondía entre las hojas de plátano. Tomándola en sus manos le susurro diciéndole: “ve descubre tu isla, conócela, disfrútala y ámala. Sé el vigilante de los sueños nocturnos, profeta de mi Edén Trópical”. Al día siguiente, un radiante Agüeybana (sol grande) salió imponente desbordando toda su luz por la serranía. Fueron saliendo del bosque las xaxabís (cotorras), los jubos (culebras), los mucarús (buhos), las iguanas, los guatibiris, los guabas (arañas), los guaraguos (aves), los Seguir Leyendo

El Cristo de los Ponce

Cayetano Coll y Toste- A pesar de que el 4 de septiembre de 1511 los Oficiales Reales de Sevilla habían entregado a Juan Cerón, al ser repuesto en la Alcaldía Mayor de San Juan, por orden del Rey Fernando, siete ornamentos, imágenes, cálices y campanas para la iglesia de la Villa de Caparra, el gobernador Juan Ponce de León, que tenía que devolver, contra su voluntad, al teniente del Visorrey don Diego, las varas del gobierno en la incipiente colonia, quiso tener una imagen del Redentor para sí y su familia. El altivo Capitán de Mar y Tierra, en Boriquén, no quería nada que viniera por conducto de sus personales enemigos, Cerón, Díaz y Morales. Con tal motivo escribió a la Corte enviando buenos castellanos de oro a fin de adquirir un Cristo, que se le había de remitir en la primera oportunidad. Los Oficiales Reales de Sevilla, en la Casa de Contratación, al visar las mercaderías de los tratantes de Indias, dieron «pase libre», sin imposición alguna, al Cristo que remitía al Conquistador de Sanct Xoan su amigo el Comendador de Lares, fray Nicolás de Ovando, que se encontraba por aquel entonces ya de vuelta en la Corte y Seguir Leyendo

El fantasma de la autopista

Estaba conduciendo su automóvil desde Mayagüez, hacia su casa en Arecibo, en la noche del 20 de noviembre de 1982, cuando Abel Haiz Rassen, mercader árabe que vive en Puerto Rico, cruzó un sector conocido como La Cadena, en las cercanías del pueblo de Añasco. Un hombre calvo estaba de pie en la orilla de la carretera, pidiendo pon. Haiz Rassen miró al hombre, que tenía unos treinta y cinco años y vestía camisa gris y pantalón vaquero brown oscuro, y siguió adelante…. Pero cuando se detuvo ante un semáforo en la siguiente encrucijada, se paró el motor de su auto. Mientras trataba de ponerlo de nuevo en marcha, se dio cuenta de que el hombre que pedía un aventón abría la puerta y se metía en el automóvil. «Me llamo Robert››, dijo el hombre al sorprendido Haiz Rassen. ¿Tendría la bondad de llevarme a mi casa, en la urbanización «Alturas de Aguada»? Hace casi dos meses que no veo a mi esposa Esperanza y a mi hijo. Haiz Rassen se negó, diciendo que su esposa le estaba esperando en Arecibo, pero Roberto insistió. El conductor volvió a tratar de poner el coche en marcha, y éste arrancó de pronto. Convino Seguir Leyendo

El Gigante dormido

Cualquiera que haya ido a Adjuntas habría notado al Sudeste del pueblo entre las montañas de la cordillera que circunda el valle, una montaña que presenta la forma de un hombre acostado con la cara hacia arriba. Existe una leyenda entre las gentes de aquel lugar que da un origen muy curioso a tal apariencia y es la siguiente: En tiempo muy remoto existió como sólo habitante de toda la comarca un enorme gigante, cuya cabeza se asomaba fácilmente sobre las más elevadas cumbres y cuyos brazos, cuando estaba dormido se extendían a lo largo de todo el diámetro del valle. Grandes habían sido los esfuerzos de las tribus de indios vecinos, para desalojar de su posesión al coloso y apoderarse de las fértiles tierras, tan inútilmente codiciada por los más bravos caciques. Cierto día, estando un indio brujo haciendo conjuros, vio sobre el cristal de la fuente donde aparecían las visiones que evocaba la forma del gigante completamente dormido. Este con­sultó sus señales y pudo llegar al convencimiento de que podía morir, si se hería en el ojo derecho con una flecha envenena­da. Este brujo corrió de inmediato hasta la cúspide del cerro más próximo y, desde allí, con Seguir Leyendo