El Partido de la Independencia

Categorías: Historia.

Prominentes figuras de la Unión, como Matienzo Cintrón, Zeno Gandía, Luis Lloréns Torres, Matías González García y Eugenio Benítez Castaño, redactan un manifiesto en febrero de 1912 abogando por la independencia de Puerto Rico y anunciando la creación del primer partido independentista puertorriqueño: el Partido de la Independencia de la Isla de Puerto Rico. Insisten en que corresponde al Congreso definir la situación política de la Isla y señalan las dos únicas soluciones «decorosas y posibles» para la Isla. Dice en parte el manifiesto:

«Los que suscriben consideran que ha llegado el momento de que el Congreso de los Estados Unidos de la América del Norte defina, dentro del derecho de gentes, la condición política de los hombres nacidos en Puerto Rico y de la entidad social civilizada que ellos constituyen.

Y consideran también, que sólo dos soluciones son decorosas y posibles dentro de la devoción a sus principios del pueblo de los Estados Unidos y dentro de la devoción a sus libertades del pueblo de Puerto Rico: el reconocimiento de que Puerto Rico, después de un gobierno territorial transitorio, será un Estado soberano de los Estados Unidos de la América del Norte, o el reconocimiento de que Puerto Rico es una nación independiente que empezará a gobernarse en un futuro cercano…

Y consideran además, que no es justo que el Congreso de los Estados Unidos retenga por tiempo indefinido la soberanía de un pueblo orgulloso de su cultura, amante de sus libertades, dueño ante Dios y la razón de un país pródigo de riquezas, así como dotado de todas las energías necesarias para regir sus propios destinos; ni tampoco es justo mantener a ese pueblo en servidumbre, después de haber aceptado por virtud de un Tratado el deber de definir sus derechos, que no de desconocerlos.

Por lo tanto, hemos convenido asociarnos para defender el derecho de nuestra patria a ser constituida como nación independiente, para consultar por medio de un acto plebiscitario cuál sea la voluntad del pueblo de Puerto Rico, acordando también proponer al Congreso de los Estados Unidos que aplace toda legislación referente al status de nuestra patria, hasta tanto le participemos cuál es la voluntad de nuestro pueblo.

Acordamos también declarar fundado el Partido de la Independencia de la Isla de Puerto Rico, constituir una Junta para defender y propagar aquellos fines; oponernos a que nadie solicite del Congreso a nombre del pueblo de Puerto Rico soluciones a su status sin previa consulta de su voluntad, protestando de quien lo intente o lo realice; y también invitar a todos los habitantes de la isla a que constituyan juntas de propaganda y defensa de estos altos y decorosos deberes».

Tres puntos debemos destacar aquí:

  1. Primero: estamos ante el primer partido independentista en la historia política de la Isla.
  2. Segundo: el surgimiento de este partido ha de poner peso histórico en el futuro ideológico del Partido Unión de Puerto Rico.
  3. Tercero: es la primera ocasión, luego de la de Hostos en 1899, que se reclama formalmente la celebración de un plebiscito para definir la voluntad del pueblo de Puerto Rico en cuanto a su status político.

Poco antes de la elección de 1912, Muñoz Rivera envía una carta a su gran amigo el periodista Epifanio Fernández Vanga, en la que le confiesa:

«Entre mi desiderátum, que es la independencia, y mi modus operandi, que es la autonomía, encuentra su espíritu de análisis contradicciones serias. En realidad parecen existir, aunque no existen. La independencia es un ideal puramente abstracto. No puede realizarse. No se realizará nunca. Lo consignamos, lo mantenemos, porque hay cosas superiores al cálculo, no sumisas al cálculo…

He ahí, amigo mío, los sentimientos y las razones que me inclinan a aconsejar a la Unión que en su programa levante el ideal de la independencia y que, al propio tiempo, anticipe el anuncio de un americanismo vigoroso, para el día, si ese día llega, en que cese la usurpación tiránica de que somos víctimas, y se realice la compenetración profunda de las dos razas, de las dos civilizaciones, teniendo por base la sola base que sin mengua nos sería dable admitir: la igualdad. Desde que ondearon en San Juan los colores de América, empecé a decir eso. Lo repetí durante catorce años, en cien circunstancias distintas. Continúo repitiéndolo y lo repetiré con la firmeza de una convicción indestructible: americano, igual a los otros americanos, siempre; americano, subalterno de los otros americanos, jamás. Por Puerto Rico deseo ser americano; por Puerto Rico seré antiamericano al convencerme de que América es irrevocablemente injusta y opresora».

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Antonio Quiñones Calderón, destacado redactor de los desaparecidos diarios El Mundo, y El Imparcial, Secretario de Prensa del gobernador de Puerto Rico, Luis A. Ferré y de Carlos Romero Barceló, fue asistente de la dirección de El Nuevo Día y sub director de El Mundo. Tiene publicados varios libros de historia política entre los que se destaca Historia Política de Puerto Rico, libro del que se toman estos artículos y que no debe faltar en la biblioteca de todo buen puertorriqueño.

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