Samuel R. Quinones

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El Partido Nacionalista

El nuevo giro ideológico de la Unión lleva a influyentes figuras de la colectividad a abandonar la misma para fundar una nueva que propulse firmemente la opción de la independencia para la Isla. Incluye la lista a figuras de la nombradía de Samuel R. Quiñones, Vicente Géigel Polanco, Fernando Sierra Berdecía, José S. Alegría, José Coll y Cuchí, Antonio Ayuso Valdivieso, Eugenio Font Suárez y Carlos Román Benítez. Reunidos cientos de unionistas en Río Piedras el 17 de septiembre de 1922, proceden a la fundación del Partido Nacionalista de Puerto Rico, cuya declaración de principios expresa que la colectividad aspira a constituir a Puerto Rico en una República libre, soberana e independiente, de acuerdo con el principio de las nacionalidades y que acudirá a los comicios con el propósito de regir los intereses del pueblo de Puerto Rico, y asegurar un gobierno responsable. Coll y Cuchí es elegido presidente de la nueva colectividad, en cuya junta directiva figuran además Alegría (vicepresidente), Federico Acosta Velarde (secretario), Rafael Bernabé (tesorero), Miguel Marcos Morales, J. P. Berríos, Antonio Vélez Alvarado, Ayuso Valdivieso, Angel Manuel Villamil, P. Rivera Collazo, J. Hernández, Ramón Mayoral, A. Ló­pez Fauct, L. R. García, Leonidas Villalón, M. Vélez Ramírez, Laureano Pagán y José M. Guevara (vocales).
Maldonado Denis comenta así la fundación del Partido Nacionalista de Puerto Rico:

«El Partido Nacionalista sigue así la pauta sentada por Matienzo Cintrón mediante la creación del Partido de la Independencia en 1912; es decir, la pauta de un partido que no tiene a la independencia entre otras tantas fórmulas políticas – como había sido el caso del Partido Unión hasta 1922 – sino que declara firmemente que es su propósito esencial y primordial la lucha por la liberación de Puerto Rico. Si bien el Partido Nacionalista tiene en sus orígenes una orientación marcadamente cultural, responde tan bien a la realidad puertorriqueña de aquel momento, que su impronta queda firmemente sentada en el ámbito puertorriqueño. Pues cuando la independencia se halla huérfana de defensores y confronta con una administración hostil, los nacionalistas la levantan otra vez de donde había quedado con la muerte de De Diego y la sitúan en la vanguardia de las preocupaciones de nuestro pueblo».

En febrero de 1923 Reily es sustituido en la gobernación por Horace M. Towner, quien en su discurso inaugural trata de sanar las heridas producidas por su antecesor. Así, expresa que el progreso «es únicamente posible en un país libre, a través de la acción armónica de sus partes coordinadas. Esto puede ser obtenido solamente por medio de la conferencia y la consideración, por la mutua concesión y acomodo y como un resultado del consejo común, deben conseguirse entendidos no sólo en cuanto a políticas generales sino en cuanto a medidas particulares». Acepta que no hay unanimidad respecto a los cambios que deben hacerse en la ley orgánica de Puerto Rico, pero sostiene que «sí estamos contestes todos – creo yo – en que algunos cambios deberán hacerse. Y estaré satisfecho de considerar con vosotros estas alteraciones, de manera que podamos unirnos para pedir al Congreso las enmiendas deseadas. Me parece que conozco la actitud de la actual administración y la del Congreso hacia Puerto Rico. Es más que amistosa; yo estoy seguro que cualquier cambio en la Ley existente que pueda mejorar las condiciones en la isla, será considerado con simpatía por el Presidente y por el Congreso». Concluye afirmando: «Yo creo que, prácticamente, todos cuantos han considerado el asunto, convienen en que Puerto Rico es, permanentemente, una parte de los Estados Unidos. Yo estoy seguro que el pueblo de Puerto Rico, ahora, no abriga otro anhelo que el de continuar siendo una parte de los Estados Unidos, tan ligado y seguro bajo su bandera como la está Massachusetts o California. Para el pueblo de Puerto Rico, el progreso y la prosperidad de la Unión es una certidumbre de seguridad y progreso, tanto como lo es para el pueblo de Iowa o de Ohio. La seguridad de la Unión será vuestra seguridad, el progreso de la Unión será vuestro progreso y la prosperidad de la Unión será vuestra prosperidad.
Esto no quiere decir que los portorriqueños se vean compelidos a abandonar sus ideales, su personalidad y sus características raciales. Esto no quiere decir que los portorriqueños deben perder su amor o renunciar al orgullo que sienten en su bellísimo hogar isleño. Lejos de eso. Los portorriqueños poseen cualidades características que son amables y valiosas para mantener sus afectos y convencer la admiración y la estimación de sus conciudadanos de las otras partes de la República. Cada Estado tiene sus propias cualidades que hacen a sus hijos sentirse orgullosos de la ciudadanía de sus Estados…».

No obstante estas palabras conciliatorias, Towner señala sin ambages la posibilidad de la conversión de Puerto Rico en un estado de la Unión federal y se pronuncia contrario a la independencia para la Isla. A la vez aboga por reformas liberalizadoras a la ley Jones, incluyendo la elección del gobernador por sus compatriotas, con lo cual están de acuerdo los tres partidos de la Isla. Bolívar Pagán describe lo que parece ser un juego mental de Towner en su empeño por quedar bien con todo el mundo: «Mientras, el Gobernador Towner, en su política gubernativa, procedió al reajuste mediante nombramientos en el gabinete y otros enteramente favorables al partido de la mayoría. Positivamente Towner comenzó abiertamente a gobernar con el Partido Unionista. La actitud de los partidos Republicano y Socialista se pronunció contra el Gobernador Towner, quien, mientras en palabras favorecía la tendencia americanista y alentaba la solución final de Estadidad, de hecho entregaba plenamente el poder al Partido Unionista».

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