La elección general de 1932

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La elección general de 1932

Un total de 452,738 electores aparece en las listas de votación para la elección general del 8 de noviembre de 1932. De éstos votan 383,722 (84.7%). Aunque el Partido Liberal Puertorriqueño obtiene, solo, 170,168 votos – más que todos los demás partidos contabilizados separadamente – la Coalición de la Unión Republicana y el Partido Socialista prevalece en la contienda al acumular conjuntamente 208,232 votos. Los nacionalistas apenas acaparan 5,257 sufragios y no eligen candidato alguno, aunque Albizu recibe 11,882 votos como candidato a senador por acumulación.

[Elección general de 1932:
Partido Unión Republicana: 110,794 votos.
Partido Socialista: 97,438.
Total de la Coalición: 208,232.
Partido Liberal Puertorriqueño: 170,168.
Partido Nacionalista: 5,257].

La Coalición elige a Iglesias como comisionado residente, terminando así 15 años de la comisaría de Córdova Dávila. Triunfa en seis de los siete distritos senatoriales eligiendo además dos senadores por acumulación (Martínez Nadal y Bolívar Pagán). Los liberales triunfan sólo en el distrito senatorial de Guayama y eligen otros tres senadores por acumulación: Barceló, Muñoz Marín y Mario Mercado, hijo. Para la Cámara de Representantes la Coalición elige 30 miembros, incluyendo dos por acumulación: Etienne Totti y Rafael Alonso Torres. Los liberales eligen nueve representantes, incluyendo dos por acumulación: Ernesto Ramos Antonini y Manuel A. Martínez Dávila. La Coalición logra el control de 51 municipios y los liberales de los restantes 26. Otro dato histórico adscrito a esta elección tiene que ver con otra mujer en la política: aunque en Hormigueros, dominado por la Coalición, se elige un alcalde en propiedad éste renuncia luego de la elección y en su lugar la asamblea municipal selecciona para sustituirle a una mujer socialista – Modesta Díaz Segarra, de 24 años de edad –, convirtiéndose ella en la primera mujer alcaldesa de Puerto Rico, y la más joven en asumir esa posición. Al organizarse la nueva Asamblea Legislativa, Martínez Nadal es elegido presidente del Senado y Miguel A. García Méndez, speaker de la Cámara.

Regionalistas y comunistas

El período que transcurre entre la elección general de 1932 y la siguiente es harto dificultoso, incluyendo los episodios de violencia que se dan en el mismo, así como la agria polémica que escenifican el viejo y combativo líder liberal Antonio R. Barceló y el joven y fogoso Luis Muñoz Marín. Muy acertadamente Bolívar Pagán hace la siguiente sucinta descripción de este período: «Toda esta época fue muy agitada. Recónditas ansias de libertad; la lucha de partidos por imponer sus ideales y por predominio y hegemonía gubernamental; el malestar por ambiciones individuales frustradas; animosidades personales; ansias de algunos de ocupar su sitio destacado bajo el sol; cierta desorientación de muchos ante el impacto de los acontecimientos; y la inquietud general prevaleciente de un pueblo vivo preocupado son su final destino; todo eso, mantenía al país en un clima de cálida controversia cotidiana».

Todo el andamiaje partidista padece sus problemas. Veamos.

Temprano en el año 1934 un grupo disidente de la Unión Republicana que se dedica a cuestionar las actuaciones y decisiones del presidente senatorial y del partido Martínez Nadal, es expulsado de la colectividad. Entre éstos se hallan Cuevas Zequeira, Gabriel de la Haba, Carmelo Martínez Acosta, Germánico S. Belaval, Joaquín D. Yordán y Salvador Suau. Éstos, y otros republicanos disidentes, se constituyen en el Grupo de los 76, que bajo la presidencia de Felipe Colón Díaz fundan más adelante el pequeño Partido Regional. Al aprobar su declaración de principios en agosto de 1935 el partido se bate en retirada con relación al ideal estadista de sus líderes, dejando al libre albedrío de sus correligionarios la opción de status que deseen defender. Dice la declaración que «el pueblo de Puerto Rico, como todo pueblo civilizado, tiene derecho inalienable a gobernarse por sí mismo», y que «a la consecución de esta suprema finalidad, en la forma que decida el sufragio popular, la agrupación política naciente habrá de empeñar sus más esforzadas gestiones». Por su parte, un grupo de propulsores de la separación entre Puerto Rico y Estados Unidos se reúne en asamblea en Ponce para dejar constituido el Partido Comunista, que elige como su secretario general al líder sindicalista Alberto E. Sánchez. Otros integrantes del movimiento comunista son Juan Santos Rivera, Miguel A. Bahamonde, Juan Sáez Corales, Antonio Angleró, Ovidio Rivera, Ramira Mangual y Jesús Renta Santiago. En su declaración de principios el grupo reclama ser «el dirigente y organizador del movimiento obrero revolucionario, antiimperialista y de emancipación nacional. Lucha por los objetivos y principios del comunismo; por la conquista y organización de la mayoría de la clase obrera y de los sectores campesinos despojados de sus tierras, indigentes y pobres y campesinos medios; por la constitución de la República Socialista Soviética de Puerto Rico; por la formación de la Federación Socialista Soviética Antillana; por la creación de la Unión Mundial de Repúblicas Socialistas Soviéticas; y por la supresión de las clases y la realización del Socialismo, primera etapa hacia la sociedad comunista». En agosto de 1935 el pequeño Partido Comunista criollo es aceptado como miembro del comunismo mundial y se viene a conocer como la sección puertorriqueña de la Internacional Comunista. Pero aquí en la Isla apenas si se le hace caso al tal partido. El nacionalismo puertorriqueño también tiene sus disidentes. Molestos y preocupados con la tendencia radical de Albizu, varios nacionalistas deciden constituir el Partido Independentista con el propósito de buscar la constitución de Puerto Rico en una república independiente utilizando todos los medios legales y pacíficos a su alcance. Emilio Soler López es elegido presidente de la colectividad y Juan Augusto Perea y Regino Cabassa, primer y segundo vicepresidente, respectivamente. La bandera de la Revolución de Lares es su enseña.

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