1 Timoteo 4: Al servicio de Dios o al de satanás

Pero todos los dones de Dios han de usarse de una manera que sea digna del Evangelio.

(i) Han de usarse recordando que son dones de Dios. Hay cosas que se nos ofrecen tan constantemente que llegamos a olvidar que son dones, y llegamos a considerarlos como derechos. Debemos recordar que todo lo que tenemos es don de Dios, y que no hay ningún ser vivo que pueda tener vida aparte de Él.

(ii) Han de usarse en solidaridad. Todo uso egoísta está prohibido. Ninguna persona puede monopolizar los dones de Dios; todas las personas deben compartirlos.

(iii) Han de usarse con agradecimiento. Siempre deben darse gracias a Dios antes de las comidas. Esa era la costumbre de los judíos. Tenían oraciones de acción de gracias por diferentes cosas. Cuando comían fruta decían: «Bendito seas, Rey del Universo, que has creado el fruto de los árboles.» Cuando se bebía vino se decía: «Bendito seas, Rey del Universo, que has creado el fruto de la vid.» Cuando comían verduras decían: «Bendito seas, rey del Universo, que has creado los productos de la tierra.» Cuando tomaban pan decían: «Bendito seas, Rey del Universo, que sacas el pan del suelo.» El mismo hecho de dar gracias a Dios por algo lo hace una cosa sagrada. Ni siquiera los demonios pueden tocarlo cuando ya lo ha tocado el Espíritu de Dios.

El verdadero cristiano no sirve a Dios esclavizándose con reglas y normas e insultando Su creación; Le sirve aceptando con agradecimiento Sus buenos dones, recordando que este es un mundo en el que Dios hizo todas las cosas bien, y no olvidándose de compartir con otros los dones de Dios.

Consejos a un mensajero de Cristo

Si expones estas cosas a los hermanos serás un siervo de Jesucristo como es debido, si alimentas tu vida con las palabras de la fe, y la sana doctrina que has estudiado y sigues. Desentiéndete de tener nada que ver con historias irreligiosas como los cuentos de viejas que se les dicen a los niños. Entrénate para alcanzar la meta de la verdadera piedad. El entrenamiento del cuerpo es conveniente hasta cierto punto; pero el entrenamiento en la piedad tiene un valor universal para la humanidad, porque tiene la promesa de la vida en esta edad presente, y de la vida en la edad por venir.

Esto es una afirmación que merece ser aceptada por todos. La razón por la que nos afanamos y luchamos tanto es que hemos puesto nuestras esperanzas en el Dios vivo, que es el Salvador de todo el mundo, y especialmente de los creyentes. Este pasaje está abarrotado de consejos prácticos, no solo para Timoteo, sino para cualquier servidor de la Iglesia que está a cargo de un deber en la obra y de la dirección.

(i) Nos dice cómo instruir a otros. La palabra que se usa para presentar delante de los hermanos es sumamente sugestiva (hypotíthesthai). No quiere decir dar órdenes, sino más bien aconsejar, sugerir. Es una palabra benigna, humilde y modesta. Quiere decir que el maestro no debe nunca establecer la ley dogmáticamente. Quiere decir que debe actuar más bien como si estuviera recordándoles cosas que ya conocieran las personas o sugiriéndoselas, no como si hubieran de aprenderlas de él, sino como si hubieran de descubrir en su propio corazón lo que es correcto. La dirección que se ofrece en benignidad siempre será más efectiva que las instrucciones dictatoriales establecidas por la fuerza. Es posible dirigir a las personas hasta cuando se niegan a dejarse dirigir.

(ii) Nos dice cómo enfrentarnos con la tarea de la enseñanza. Se le dice a Timoteo que debe alimentar su vida con las palabras de la fe. Nadie puede dar nada si antes no lo recibe. El que enseña tiene que estar aprendiendo constantemente. Es lo contrario de la suposición de que cuando uno llega a ser maestro deja de ser alumno; debe conocer a Jesucristo cada día más y mejor antes de poderle presentar a los demás.

(iii) Nos dice lo que debemos evitar. Timoteo tenía que evitar los cuentos inútiles que son como los que las viejas les cuentan a los niños. Es fácil perderse siguiendo bifurcaciones y enredarse con cosas que no pasan de ser adornos. Es con las grandes verdades centrales con lo que se debe alimentar la mente y nutrir la fe.

(iv) Nos dice lo que debemos buscar. Se le dice a Timoteo que de la misma manera que un atleta entrena su cuerpo, así debe el cristiano entrenar su alma. No es que sea despreciable la buena forma física. La fe cristiana cree que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Pero Pablo tenía ciertas cosas en mente. Primera, que en el mundo antiguo, especialmente en Grecia, los gimnasios tenían sus peligros. Todos los pueblos tenían su gimnasio; para los jóvenes griegos entre los 16 y los 18 años de edad la gimnasia era la parte más importante de su educación. Pero el mundo antiguo estaba invadido por la homosexualidad, y los gimnasios eran notorios como semilleros de ese pecado particular. Segunda, Pablo propone un sentido de proporción. El entrenamiento físico es bueno, y hasta esencial; pero tiene una utilidad limitada. No desarrolla más que una parte de la persona; y produce unos resultados que solamente duran cierto tiempo, porque el cuerpo es pasajero. El entrenamiento en la piedad desarrolla la personalidad total en cuerpo, mente y espíritu, y sus resultados afectan no solamente en el tiempo sino también en la eternidad. El cristiano no es un atleta de gimnasio, sino un atleta de Dios. Los más grandes entre los griegos reconocían esta verdad. Sócrates escribía: « Es tan importante para un asceta el entrenar su cuerpo como para un rey el entrenar su alma.» «Entrénate sometiéndote voluntariamente a las pruebas para que cuando vengan sobre ti seas capaz de soportarlas.»

(v) Nos muestra el fundamento de todo el asunto. Nadie ha dicho que la vida cristiana fuera fácil; pero su meta es Dios. Porque vive en Su presencia, y porque espera estar todavía más cerca de Su presencia, el cristiano está dispuesto a sufrir lo que sea. La grandeza de la meta hace que el esfuerzo valga la pena.

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Categorías: Primera Timoteo.

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