1 Timoteo 4: Al servicio de Dios o al de satanás

Manera de acallar la crítica

Ocúpate en transmitir y enseñar estos mandamientos. No le des ocasión a nadie de despreciarte por ser tan joven; sino por medio de tus palabras y de tu conducta, con amor, lealtad y pureza, preséntate como un ejemplo de cómo deben ser los creyentes. Hasta que yo vaya concentra tu atención en la lectura pública de las escrituras, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don especial que se te concedió cuando las voces de los profetas te señalaron para el cargo que se te ha confiado, cuando el cuerpo de los ancianos impusieron sus manos sobre ti. Piensa en estas cosas; encuentra en ellas toda tu vida, para que tu progreso sea evidente a todos. Ten cuidado de ti mismo y de tu enseñanza; préstale la debida atención; porque si lo haces te salvarás a ti mismo, y a los que te escuchen.

Una de las dificultades que tenía que vencer Timoteo era que era joven. No debemos pensar que fuera un muchacho. Después de todo ya hacía quince años que Pablo le había tomado como su ayudante. La palabra que se usa para joven (neótés) puede describir en griego a cualquier persona en edad militar, que era hasta los cuarenta años. Pero a la Iglesia le ha gustado por lo general que sus obreros fueran hombres maduros. Los Cánones Apostólicos establecían que uno no podía llegar a ser obispo hasta que tuviera por lo menos cincuenta años, porque para entonces «habría pasado los desórdenes de la juventud.» Timoteo era joven comparado con Pablo, y habría muchos que le miraran con ojos críticos. Cuando el anciano William Pitt estaba dando un discurso en la Cámara de los Comunes cuando tenía treinta y tres años decía: « El crimen atroz de ser un joven… que no intentaré ni paliar ni negar.» La Iglesia siempre ha mirado la juventud con una cierta suspicacia, bajo la cual caería Timoteo de forma inevitable.

El consejo que se le dio a Timoteo es el más difícil de seguir, y sin embargo era el único consejo posible. Era que debía acallar las críticas con su conducta. A Platón le acusaron una vez falsamente de conducta deshonrosa. «Bien -dijo-, viviremos de tal manera que todos puedan ver que la acusación es falsa.» Las defensas verbales puede que no silencien la crítica; pero la conducta sí lo conseguirá. ¿Cuáles habían de ser las características de la conducta de Timoteo?

(i) Primera, había de ser el amor. Ágape, la palabra griega para la más grande de las virtudes cristianas, es francamente intraducible. Su verdadero significado es una benevolencia inconquistable. Si uno tiene Ágape, no importa lo que otros le hagan o digan de él, él no procurará nada más que el bien de ellos. No mostrará nunca amargura o resentimiento o deseo de venganza; nunca sucumbirá al odio; nunca dejará de perdonar. Está claro que esta es la clase de amor que requiere la totalidad de la personalidad de una persona el conseguir. Normalmente, el amor es algo que no podemos evitar. Amar a los más próximos es algo instintivo. Generalmente el amor de un hombre hacia una mujer es una experiencia involuntaria. El amor es algo del corazón; pero está claro que este amor cristiano es algo de la voluntad. Es esa conquista del yo que nos conduce a un cuidado inconquistable de los demás. Así que la primera señal autenticadora del dirigente cristiano es que se preocupa por los demás, sin importarle lo que le hagan. Eso es algo en lo que debe pensar constantemente cualquier dirigente cristiano que se encabrite
fácilmente ante una ofensa y que sea propenso a guardar rencor.

(ii) Segunda, está la lealtad. La lealtad es la fidelidad inconquistable a Cristo, sin importar el precio. No es difícil ser buen soldado si las cosas van bien; pero el soldado auténticamente de valor es el que puede pelear bien con el cuerpo cansado y el estómago vacío, cuando la situación parece desesperada y se encuentra en medio de una campaña cuyos movimientos no puede entender. La segunda marca autenticadora del dirigente cristiano es una lealtad a Cristo que desafíe las circunstancias.

(iii) Tercera, había de ser la pureza. La pureza es la aceptación incondicional de los niveles de Cristo. Cuando Plinio estaba mandándole al emperador Trajano el informe acerca de los cristiano de Bitinia, donde era gobernador, escribió: «Tienen la costumbre de vincularse entre ellos con un juramento de no cometer ni hurto, ni robo, ni adulterio; de no faltar nunca a su palabra; de no negar un depósito que se les haya confiado cuando se les solicite dar cuenta de él.» El compromiso cristiano es una vida de pureza. El cristiano debe tener un nivel de honor y honradez, de dominio propio y castidad, de disciplina y consideración, muy por encima de los niveles del mundo. El hecho escueto es que al mundo no le interesará para nada el Cristianismo a menos que pueda demostrar que produce los hombres y las mujeres mejores. La tercera marca autenticadora del dirigente cristiano es una vida que se ajusta a los niveles de Jesucristo.

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Categorías: Primera Timoteo.

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