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Introducción a la carta a los gálatas

El ataque contra Pablo Alguien ha comparado la Carta a los Gálatas con una espada flamígera en la mano de un gran esgrimidor. Tanto Pablo como su Evangelio eran objeto de ataque. Si ese ataque hubiera triunfado, el Cristianismo no habría pasado de ser otra secta judía, dependiente de la circuncisión y de la observancia de la Seguir Leyendo

Gálatas 2: Uno que no se dejaba intimidar

Catorce años después subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a teto. Subí a consecuencia de un mensaje que había recibido directamente de Dios; y les presenté el Evangelio que tengo costumbre de predicar entre los gentiles, porque no quería pensar que el trabajo que estaba tratando de hacer y que había hecho no Seguir Leyendo

Gálatas 3: El don de la gracia

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os ha echado mal de ojo, precisamente a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado sobre Su Cruz? Decidme simplemente esto: ¿Recibisteis el Espíritu por hacer las obras que establece la Ley, o porque escuchasteis y creísteis? ¿Es que os habéis vuelto tan torpes? Después de empezar vuestra experiencia de Dios en el Seguir Leyendo

Gálatas 4: Los días de la niñez

Esto es lo que quiero decir: Mientras el heredero es un niño, no se diferencia en nada de un esclavo, aunque es el amo de todo; pero está bajo el control de mayordomos y supervisores hasta que llega el día que ha fijado su padre. Eso es lo que sucede con nosotros: Cuando éramos niños, estábamos sujetos Seguir Leyendo

Gálatas 5: La relación personal

Fijaos bien en que soy yo, Pablo, el que os estoy hablando; y os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os sirve para nada. De nuevo, doy mi palabra a todo el que se circuncide, que está obligado a cumplir toda la Ley. Vosotros, los que tratáis de poneros en relación con Dios mediante el legalismo, Seguir Leyendo

Gálatas 6: Sobrellevando las cargas

Hermanos, si se sorprende a alguna persona en algún desliz moral, vosotros, los que os mantenéis bajo el control del Espíritu, debéis corregirla con espíritu de amabilidad; y, al hacerlo, tened presente que podíais haber sido vosotros mismos los que hubierais sido tentados. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la Ley de Seguir Leyendo