Oseas 8: Reprensión de la idolatría de Israel

Oseas 8:1 «Lleva a tu boca la trompeta, pues un águila viene[a] sobre la casa de Jehová, porque traspasaron mi pacto y se rebelaron contra mi Ley.

El ejército asirio caerá sobre ellos calladamente, como águila que desciende sobre su presa.

trompeta, shophar: Trompeta hecha de un cuerno curvado de animal, una corneta. El shofar se menciona 72 veces, primero en Exodo 19:16; 19:19 y 20.18, donde la trompeta que resonó en el monte Sinaí anuncia el descenso de Jehová y la entrega de la Ley. En el relato de la caída de Jericó, en Josue 6:1-20, shofar aparece 14 veces. En Ezequiel 33:2-9, el sonido de la trompeta (que advierte a la ciudad de un peligro inminente) se compara con la voz profética. El shofar sonaba, no sólo como llamado a las armas, sino también para anunciar el Día de Expiación, el año del jubileo y acontecimientos tales como el retorno del arca.

Oseas 8:2 A mí clamará Israel: “Dios mío, te hemos conocido”.[b]

Oseas 8:3 Israel desechó el bien:[c] el enemigo lo perseguirá.

Oseas 8:4 »Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí;[d] constituyeron príncipes, mas yo no lo supe; de su plata y de su oro hicieron ídolos para sí, para ser ellos mismos destruidos.

Trataron de establecer su propio gobierno, y aún su propia religión, ajena al verdadero Dios.

Este enemigo que descendía como águila era Asiria que llegaba a atacar a Israel y llevarse cautiva a su gente. El pueblo clamaría a Dios, pero sería demasiado tarde debido a que habían sido tercos al no dejar a sus ídolos. Nosotros, al igual que Israel, a menudo clamamos a Dios para que alivie nuestro dolor sin querer que El cambie nuestras vidas. Nosotros, al igual que Israel, podemos arrepentirnos cuando ya es demasiado tarde para evitar las consecuencias dolorosas del pecado.

Oseas 8:5 Tu becerro,[e] Samaria, te hizo alejarte. Se encendió mi enojo contra ellos: ¿Cuándo alcanzaréis la purificación?

Tu becerro : Fue la imagen idólatra dorada. ¿Será capaz Israel de regresar al culto puro de Jehová?

Samaria era la capital del reino del norte. Jeroboam I había establecido dos becerros de oro, uno en Bet-el y otro en Dan, y había alentado al pueblo para que lo adorara. Por lo tanto el pueblo estaba adorando una imagen de un animal creado y no al Creador.

Oseas 8:6 Porque ese becerro es de Israel; un artífice lo hizo.[f] No es Dios, por lo que será deshecho en pedazos el becerro de Samaria.

Oseas 8:7 Porque sembraron vientos, segarán tempestades.[g] No tendrán mies ni su espiga dará harina; y si la da, los extranjeros la comerán.

La semilla de su debilidad producirá una abundante cosecha de sanciones.

La cosecha es el resultado de la siembra de buena semilla en un buen suelo con porciones adecuadas de sol, humedad y fertilizante. Una sola semilla puede producir múltiples frutos en buenas condiciones. Israel, sin embargo, había arrojado su semilla espiritual al aire al dedicarse a actividades que no tenían sustancia. Al igual que el viento que va y viene, su idolatría y sus alianzas con extranjeros no le ofrecieron protección. Al buscar sobrevivir lejos de Dios, se acarreó su propia destrucción. Como poderoso torbellino, el castigo de Dios vendría sobre Israel por medio de los asirios. Cuando buscamos seguridad en cualquier otra cosa que no sea Dios, nos exponemos a un gran peligro. Sin Dios no existe seguridad verdadera.

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Categorías: Antiguo Testamento y Oseas.

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