Salmo 38: Lamento por los sufrimientos

Salmo 38:1  Oración de un penitente[a] Salmo de David, para recordar[b]Jehová, no me reprendas en tu furor ni me castigues en tu ira.[c]

De acuerdo con el título de este salmo, la oración hace que Dios «se acuerde» del hombre o la mujer. Esto no significa que se haya olvidado de ellos, sino que se le pide una acción decisiva en favor de alguien. Así como un niño llora ante su padre, David también lo hizo ante Dios. David no decía: «No me castigues», sino: «No me castigues mientras estés enojado». Reconoció que merecía el castigo, pero pidió que Dios moderara su disciplina con misericordia. Como hijos, somos libres de pedir misericordia, pero no debemos negar que merecemos el castigo.

Este salmo se llama penitencial porque David expresó verdadero arrepentimiento por su pecado. Declaró que su pecado lo llevó a tener problemas de salud (38.1-8) y que lo separó de Dios y de los demás, causándole una soledad extrema. Luego confesó su pecado y se arrepintió.

Salmo 38:2  Tus saetas cayeron sobre mí,[d] y sobre mí ha descendido tu mano.

Salmo 38:3  Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado,

No todas las enfermedades son una consecuencia del pecado, pero algunas veces sí lo son

Salmo 38:4  porque mis maldades se acumulan sobre mi cabeza; como carga pesada me abruman.

David vio su angustia como juicio de Dios por sus pecados. Si bien Dios no siempre envía una enfermedad física para castigarnos por el pecado, este versículo y otros de las Escrituras indican que lo hizo en algunas circunstancias. Nuestro pecado puede causar efectos secundarios mentales o físicos que nos ocasionen un sufrimiento mayor. Algunas veces Dios tiene que castigar a sus hijos para que vuelvan a El. Cuando nos arrepentimos de nuestro pecado, Dios promete perdonarnos, aun cuando no promete deshacer las consecuencias directas del pecado.

Salmo 38:5  Hieden y supuran mis llagas a causa de mi locura.

Salmo 38:6  Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día,
Salmo 38:7  porque mis lomos están llenos de ardor; nada hay sano en mi carne.

Salmo 38:8  Estoy debilitado y molido en gran manera; ¡gimo a causa de la conmoción de mi corazón!

Salmo 38:9  Señor, delante de ti están todos mis deseos y mi suspiro no te es oculto.

Salmo 38:10  Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la luz de mis ojos me falta ya.

Salmo 38:11  Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga, y mis cercanos se han alejado.[e]

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Categorías: Antiguo Testamento y Salmos.

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