Segunda de Crónicas 3: La construcción del templo

2 de Crónicas 3:1 Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en le monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo.

Una descripción más explícita de la construcción del templo se halla en 1 de Reyes 6:1-38; 1 de Reyes.

Salomón construyó un templo permanente en el monte de Moriah para reemplazar el tabernáculo móvil (ahora en Gabaón) el cual había acompañado a Israel en el desierto. El monte Moriah también fue el lugar donde Dios detuvo a Abraham para que no sacrificara a Isaac. David compró la tierra cuando era un campo para trillar.

¿Por qué estaba decorado el templo con tanto ornato? Aun cuando nadie puede construir un edificio apropiado para Dios, este templo iba a ser lo mejor que los humanos pudieran diseñar. El cuidado y el trabajo de los artesanos eran actos de adoración por sí mismos. Aun cuando una capilla simple es un lugar adecuado para orar y encontrarse con Dios, no es malo querer hacer un hermoso lugar de adoración.

2 de Crónicas 3:2 Y comenzó a edificar en el mes segundo, a los dos días del mes, en el cuarto año de su reinado.

2 de Crónicas 3:3 Estas son las medidas que dio Salomón a los cimientos de la casa de Dios. La primera, la longitud, de sesenta codos, y la anchura de veinte codos.

Las medidas aquí mencionadas son las mismas que usó Ezequiel en la visión que tuvo del templo y equivalen a veintisiete metros de largo por nueve de ancho.

2 de Crónicas 3:4 El pórtico que estaba al frente del edificio era de veinte codos de largo, igual al ancho de la casa, y su altura de ciento veinte codos; y lo cubrió por dentro de oro puro.

2 de Crónicas 3:5 Y techó el cuerpo mayor del edificio con madera de ciprés, la cual cubrió de oro fino, e hizo realzar en ellas palmeras y cadenas.

2 de Crónicas 3:6 Cubrió también la casa de piedras preciosas para ornamento; y el oro era oro de Parvaim.

2 de Crónicas 3:7 así que cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes y sus puertas con oro; y esculpió querubines en las paredes.

2 de Crónicas 3:8 Hizo asimismo el lugar santísimo, cuya longitud era de veinte codos según el ancho de la casa, y su anchura de veinte codos; y lo cubrió de oro fino que ascendía a seiscientos talentos.

2 de Crónicas 3:9 Y el peso de los clavos era de uno hasta cincuenta siclos de oro. Cubrió también de oro los aposentos.

2 de Crónicas 3:10 Y dentro del lugar santísimo hizo dos querubines de madera, los cuales fueron cubiertos de oro.

Querubines son ángeles poderosos.

2 de Crónicas 3:11 La longitud de las alas de los querubines era de veinte codos; porque una ala era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa, y la otra de cinco codos, la cual tocaba el ala del otro querubín.

2 de Crónicas 3:12 De la misma manera una ala del otro querubín era del cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa, y la otra era de cinco codos, que tocaba el ala del otro querubín.

2 de Crónicas 3:13 Estos querubines tenían las alas extendidas por veinte codos, y estaban en pie con los rostros hacia la casa.

2 de Crónicas 3:14 Hizo también el velo de azul, púrpura, carmesí y lino, e hizo realzar querubines en él.

2 de Crónicas 3:15 Delante de la casa hizo dos columnas de treinta y cinco codos de altura cada una, con sus capiteles encima, de cinco codos.

2 de Crónicas 3:16 Hizo asimismo cadenas en el santuario, y las puso sobre los capiteles de las columnas; e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas.

2 de Crónicas 3:17 Y colocó las columnas delante del templo, una a la mano derecha, y otra a la izquierda; y a la de la mano derecha llamó Jaquín, y a la de la izquierda, Boaz.

La construcción del templo.

Es importante ubicar el contexto de los capítulos 3 y 4, para poder comprender la labor en torno a la construcción del templo, el lugar santo, las dos columnas de bronce y el mobiliario.

El capítulo 3 registra datos esquemáticos sobre la ubicación y construcción del templo, muy diferente de lo referido en 1 Reyes 6 y 7:15-22. El capítulo 4 se ocupa de la composición y ornato del templo. En ambos capítulos el cronista deja la impresión de estar hablando del templo como la morada de Dios en sus funciones reales y no como la casa de adoración a Dios, ya que las especificaciones son muy reducidas.

Salomón comenzó a edificar la casa de Jehová… en el monte Moriah… en la era de Ornán el jebuseo (versículo 1). Lo hermoso en esta afirmación es que Salomón comenzó la obra que para su padre David solamente fue un sueño. ¡Cuán difícil es empezar algo que tendrá trascendencia en el reino de Dios! En la obra de Dios siempre hay un comienzo lleno de dificultades y limitaciones humanas, como fue la experiencia tanto con David como con Salomón.

En la tradición hebrea, el monte Moriah era el lugar donde Dios había pedido a Abraham que sacrificara a Isaac. Al observar el acto de obediencia en su siervo, Dios proveyó un carnero como sustituto para el sacrificio. La era de Ornán correspondía al lugar preciso en el cual David había decidido edificar el templo. El inicio de la construcción tuvo lugar en el segundo mes (aprox. mayo) del cuarto año del reinado de Salomón (versículo 2). Aunque este estaba consciente de su responsabilidad de construir el templo, el retraso de cuatro años fue necesario, teniendo en cuenta los preparativos.

Las especificaciones para el edificio fueron concretas, siguiendo el uso del antiguo patrón de medidas. Según la RVA, 20 codos equivalían a 9 metros dando como resultado un edificio de 9 por 27 metros. (versículo 3). No obstante, lo que carecía en tamaño fue compensado por la calidad del material invertido en la construcción y en el ornato. Tomando en cuenta las especificaciones para el pórtico (versículo 4) y lo indicado en el 7:21, esta parte de la estructura era impresionante en su interior, por la cantidad de buen oro invertido para cubrir su superficie. En esta instancia y en las subsecuentes, el cronista se esmera en usar la afirmación oro puro, indicando que lo que se dedica a Dios deber ser siempre de lo mejor. En este lugar, asimismo, el creyente podrá experimentar la abundancia del amor y de la gracia de Dios, cuando entre en comunión con su creador y salvador para ofrecer sacrificios de calidad, sacrificios del espíritu.

Según la tradición del pueblo hebreo, los primeros frutos de la cosecha deben ser dedicados a Dios, los animales ofrecidos como sacrificios deben ser sin tacha alguna y los diezmos deben ser dados en su totalidad para ser administrados por el templo. Esto debe ser el paralelo aplicable también a la iglesia local. Lo que se edifica sobre el fundamento de la fe y con amor debe estar saturado de las cualidades del carácter de Cristo.

(El lugar santísimo y las dos columnas de bronce. Según el comentario de The Interpreter’s Bible, es posible que la suma de 600 talentos de oro (aproximadamente 23 toneladas) de buena calidad (versículo 9) que cubría la sala del lugar santísimo representara los 50 talentos por cada tribu de Israel, indicando la activa participación de todo el pueblo en la construcción y en el mobiliario del templo. Si esto fue una realidad, cuánta necesidad hay de ver a todo el pueblo creyente participando unánime en la obra de Dios.

Los dos querubines, cuyas alas extendidas eran de 20 codos de largo, no deben ser confundidos con los pequeños querubines del arca que llenaban el lugar santísimo (versículo 10). El velo del templo (versículo 14) corresponde al velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo. El velo portaba el mensaje claro de que el acceso espiritual a Dios seguía cerrado hasta que Cristo obrara la redención y restaurara la paz entre Dios y el hombre, según Mateo 27:51, el velo rasgado en el momento de la muerte expiatoria de Cristo, dejaría el camino a Dios abierto.

Como ya se indicó en el capítulo anterior, Hiramabi era un magnífico artesano en metales a quien se adjudica esta labor. De acuerdo con la narración de 1 de Reyes 7:13-51, Hiramabi construyó los dos pilares de bronce, el altar de bronce, la fuente de bronce, las diez bases de bronce, las diez pilas o lavatorios de bronce y todos los demás utensilios de la casa de Jehová. La orientación cardinal de las columnas delante del templo y los nombres asignados es de peculiar importancia (versículo 17). A la columna del sur llamó Jaquín, para indicar la promesa de Dios de dar a David un reino establecido para siempre y a la columna del norte llamó Boaz que quiere decir «con fortaleza”. Así el templo de Jehová estará afirmado para siempre en la fortaleza que le provee la presencia divina.

Monte Moriah Aunque tradicionalmente se ha identificado el lugar donde Abraham fue a sacrificar a su hijo con el de la edificación del templo, la opinión de los eruditos en la materia no es unánime en cuanto a esa relación. El documentado comentario de la B.A.C. (Biblioteca de Autores Católicos) dice que su identificación se debe a una tradición judía. La posible duda, respecto al lugar, se debe a que por Moriah se conoce tanto un monte con ese nombre, como a la región. En realidad Dios envió a Abraham “a tierra de Moriah”.

Lo que sí es más seguro es que el lugar para la construcción del templo sea el mismo que David compró a Arauna jebuseo u Ornán.

Tanto si el lugar donde Salomón pretende levantar el templo se identifica con el monte donde Abraham iba a sacrificar a su hijo o con el de la era de Arauna, la lección que se desprende es similar: ese lugar, donde se habían ofrecido sacrificios, será señal y símbolo de los que más tarde, una vez el templo construido, se repetirían todos los días, en beneficio de los pecadores arrepentidos.

Fue en otro monte —Gólgota— donde Jesús entregó su vida como el Cordero de Dios, en favor de toda la humanidad.

Las dos columnas : Jaquín y Boaz Estas dos monumentales columnas, no hay unanimidad en cuanto a su altura, estaban colocadas a la entrada del templo. Estaban ornamentadas con cien granadas cada una, unidas, las de cada columna, con una cadena.

Las dos columnas en el frontal del templo a las que se ha dado nombres, ha proyectado cierto halo de misterio sobre los eruditos Se han hecho elucubraciones sobre el significado de las mismas que unido a los nombres ha dado lugar a diversas teorías, respecto a estas columnas.

La colocada a la derecha se llamaba Jaquín; la de la izquierda, Boaz. Jaquín significa “que asegure”, y Boaz “por él la fuerza”.

“Según B.T. Scott, las dos palabras hebreas son los dos vocablos con los que empiezan los oráculos dinásticos inscritos en las columnas, significando que ‘Yavhé establecerá su trono perpetuamente en la fuerza de Yavhé’”. Se han barajado varios significados, como por ejemplo que son las dos columnas de nube y de fuego que acompañaban a los israelitas por el desierto.

Las dos columnas fueron destrozadas y llevadas a Babilonia, en el año 586 a. de J.C.

El monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial (Madrid) comenzó a construirse el 23 de abril de 1563 y sus obras concluyeron el 13 de septiembre de 1586. Por su grandiosa fábrica y la riqueza histórica y ornamental que encierra, hace recordar el templo de Salomón, salvando considerable distancia, dados los motivos que inspiraron para la construcción a cada uno, a Salomón y al rey Felipe II de España, aunque aparentemente los fines fueron los mismos.

“El monasterio de El Escorial, ha dicho un autor, es majestuoso y sublime como la religión divina que le dio el ser; severo y melancólico, como su augusto fundador; fábrica verdaderamente portentosa por lo bello y delicado de sus líneas, por lo bien entendido de sus proporciones, por la afinada combinación de todas sus partes y por la exquisita sencillez de que hace gala en medio de su misma grandeza”.

Descripción que viene a confirmar esa semejanza con el templo de Jerusalén. Como un dato que puede llamar la atención al creyente cristiano, amante lector de la Biblia, nos permitimos hacer mención del llamado Patio de los Reyes, en referencia a seis reyes de Judá. Son estatuas de cinco metros de altura. Estos reyes tuvieron que ver muy directamente, unos más, otros menos, con el templo construido bajo la dirección de Salomón.

Al pie de las estatuas de estos reyes se puede leer:

David: “operis exemplar a Domino recepit”, que significa: Recibió del Señor el modelo del templo.

Salomón: “Templum Domino aedificatum dedicavit”, que significa: Dedicó al Señor el templo que le edificara.

Ezequías: “Mandata domo phase celebravit”, que significa: Habiendo restaurado y limpiado el templo, celebró la Pascua.

Josías: “Volumen Legis Domini invenit”, que significa: Encontró el volumen de la Ley del Señor.

Josafat: “Lucis ablatis legend” que significa: Descuajados los bosques sagrados, propagó la ley.

Manasés: “Contritus altare Domini instauravit”, que significa: Arrepentido, restauró el altar del Señor.

Categorías: Antiguo Testamento y Segunda de Cronicas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *