Lindbergh en Puerto Rico

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Una interesante disputa política surge a principios del año electoral de 1928 enmarcada en un acontecimiento apolítico. El célebre aviador norteamericano Charles Lindbergh llega a la Isla como parte de un recorrido que realiza por diversos países latinoamericanos. La Cámara de Representantes y el Senado le rinden homenaje y en el transcurso del mismo le hacen entrega de copias de una resolución legislativa y un mensaje que le piden haga llegar al presidente de Estados Unidos. El texto íntegro del mensaje cablegráfico al presidente – una síntesis de la resolución – es el siguiente:

«MENSAJE DEL PUEBLO DE PUERTO RICO AL PUEBLO DE ESTADOS UNIDOS.

Confiado al Col. Charles A. Lindbergh.
Coronel Lindbergh: Puerto Rico, os da la bienvenida…
Bienvenido digno hijo del Aguila Americana. Bienvenido, ‘Eaglon Solitario’. Los buenos deseos del Pueblo de Puerto Rico irán con vos a la tierra del ‘Bravo y del Libre’; y a vuestro Pueblo y a vuestros conciudadanos llevaréis el mensaje de Puerto Rico, no muy distinto del Grito de Patrick Henry: ‘Libertad o Muerte’. Es el mismo mensaje en esencia, diferente tan sólo por los cambios de tiempos y circunstancias. El mensaje de Puerto Rico a vuestro pueblo es: ‘Dadnos la libertad de que disfrutáis, por la cual luchasteis, la cual veneráis, la que merecemos, la que nos habéis prometido. Reclamamos el derecho de tener un sitio bajo el sol, esta tierra nuestra, iluminada por las estrellas de vuestra gloriosa bandera’».

El mensaje y la resolución, con todo su ramaje florido, provocan gran discusión pública en la Isla y reciben respuesta inmediata del presidente Calvin Coolidge, en una extensa carta en la que éste pone énfasis en los adelantos en libertad colectiva, salud, seguridad pública, educación y desarrollo social registrados en Puerto Rico a partir de 1898 cuando se convierte la Isla en posesión norteamericana. En el párrafo de cierre, Coolidge deja abiertas las puertas a cualquier status político por el que los puertorriqueños deseen optar en el futuro. Pero primero advierte que las comunicaciones «parecen estar basadas en su mayor parte, en una absoluta mala interpretación de hechos concretos», ya que no sería difícil «demostrar que el actual status de Puerto Rico es mucho más liberal que ningún otro status de toda su historia; que su pueblo tiene mayor dominio de sus propios asuntos, con menos intervención extraña; que su pueblo goza de libertad y de la protección de las leyes; que su pueblo y su gobierno están recibiendo ayuda substancial debido a su asociación con Estados Unidos continentales». Refiere que el Congreso, reconociendo el progreso de Puerto Rico, aprobó en 1917 la carta orgánica actual, bajo la cual todas las garantías de la constitución norteamericana se han extendido a Puerto Rico, o a la Legislatura de Puerto Rico se le ha concedido autoridad para hacer efectivas aquellas garantías que no se extendieron específicamente, y afirma que «la gran satisfacción en Puerto Rico al aprobarse esta Ley, es la mejor evidencia de su liberalidad».

«No hay ninguna disposición en América, y seguramente ninguna de mi parte, para desalentar cualquier aspiración razonable del pueblo de Puerto Rico. La Isla ha mejorado tanto y su pueblo ha progresado tanto en la última generación, que deja justificadas altas esperanzas para el futuro; pero ciertamente no es irrazonable pedir a aquellos que hablan en nombre de Puerto Rico, que limiten sus peticiones a aquellas cosas que puedan concederse sin una negación de tal esperanza. Ni es irrazonable sugerir que el pueblo de Puerto Rico, que es una parte del pueblo de Estados Unidos, progresará con el pueblo de Estados Unidos más bien que aislado de la fuente de la cual ha recibido prácticamente su única esperanza de progreso»52, concluye Coolidge.

Los dos líderes aliancistas responden la comunicación presidencial a través del comisionado residente Córdova Dávila, afirmando entre otras cosas que el régimen autonómico concedido por España a Puerto Rico resultaba más amplio y liberal que el actual; disienten del presidente su afirmación de que el gobierno de Puerto Rico tiene un grado de soberanía sobre sus asuntos internos mayor que cualquier territorio o Estado de la Unión; aseguran que no están solicitando la estadidad ni la independencia, sino un status intermedio, «una forma de gobierno que no es ni la estadidad ni la independencia, pero participa de ambas formas, con las ventajas de ambas, y sin las desventajas de ninguna». ¡Palabras que escucharemos repetirse más adelante! De todos modos, el cruce epistolar no rinde fruto positivo alguno para la Isla, mientras continúa la marcha hacia la próxima elección general.

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Antonio Quiñones Calderón

Antonio Quiñones Calderón, fue un destacado redactor de los desaparecidos diarios El Imparcial y El Mundo, también en un momento crucial de su trayectoria: la década del 60. En 1968, aceptó cumplir las funciones de Secretario de Prensa del entonces, recién electo gobernador de Puerto Rico, Luis A. Ferré. En el desempeño de esta posición, primero con Ferré y luego en los dos períodos de Carlos Romero Barceló, fue testigo excepcional de las transformaciones de la prensa puertorriqueña. Durante la decada de 1980, fue asistente de la dirección de El Nuevo Día y poco después sub director de El Mundo. Tiene publicados también varios libros de historia política.

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