Los proyectos de estadidad

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Los proyectos de estadidad

La conversión de Puerto Rico en un Estado de la Unión Americana también es objeto durante esta época de atención congresional. El 2 de junio de 1934 el comisionado residente Iglesias radica el primer proyecto de estadidad para la Isla, el cual provee para la celebración de una asamblea constituyente que redactaría la constitución del Estado. De ratificarse la constitución, el presidente de Estados Unidos proclamaría la constitución de la Isla como un Estado de la Unión, procediéndose entonces a la elección de los senadores y representantes del nuevo Estado. El lenguaje del proyecto no distingue, en términos económicos, al Puerto Rico Estado de los otros de la Unión. El comité de Territorios de la Cámara de Representantes federal al que se somete el proyecto no celebra vistas sobre el mismo y muere de inacción. Al año siguiente, Iglesias radica un segundo proyecto pro-estadidad idéntico al anterior. Ahora sí se celebran audiencias públicas. Testifican en éstas Martínez Nadal, Iglesias y Muñoz. Martínez Nadal sostiene que al concederse a los puertorriqueños la ciudadanía americana en 1917 implícitamente se aseguró que eventualmente se concedería la estadidad a la Isla y que ésto es lo que plantea y busca el proyecto de Iglesias. Éste reitera su conocida posición a favor de la estadidad y recuerda que los programas del Partido Demócrata de 1928 y 1932 respaldan la incorporación de Puerto Rico a Estados Unidos como paso previo a la estadidad. Pero Muñoz, quien comparece acompañado de Barceló, expresa la total y absoluta oposición del Partido Liberal a la concesión de la estadidad. Aunque señala que ello sería «un gran honor» para la Isla, dice que también le representaría un dañino efecto económico. Según su ponencia, lo que Puerto Rico necesita resolver ahora, según lo establece el Plan Chardón, primariamente, son sus problemas sociales y económicos, agregando que el problema político, importante como es por su estrecha relación con lo social y lo económico, debe considerarse conjuntamente. A estas audiencias no comparece funcionario alguno de la administración federal y el comité de Territorios ni siquiera rinde informe sobre el proyecto. La Asamblea Legislativa de Puerto Rico, controlada por la Coalición, aprueba una resolución concurrente demandando la estadidad para la Isla y disponiendo como paso transitorio la solicitud de que se permita a los puertorriqueños elegir su gobernador. Pero tampoco vuela mucho.

El Plan Chardón

El Plan Chardón, de 1934, es un plan de desarrollo general elaborado por tres destacados científicos agrícolas puertorriqueños encabezados por el doctor Carlos A. Chardón, a quien asisten Rafael Menéndez Ramos y Rafael Fernández García. El plan propone limitar la producción azucarera de Puerto Rico a 865,000 toneladas; comprar varias centrales azucareras, y ponerlas bajo administración de una corporación pública; comprar unas 50,000 cuerdas de terreno; disponer de las tierras marginales para permutarlas o venderlas a colonos; establecer un número de granjas de subsistencia, con animales y equipo necesarios; proveer jornales a obreros agrícolas de acuerdo con el precio del azúcar; asegurar compensaciones a los agricultores cañeros; establecer una fábrica de cemento, para facilitar y abaratar las construcciones; y un programa de aprovechamiento de las fuentes fluviales, con objetivos de vasto alcance para electrificación. «El campeón político del Plan Chardón, resultaba ser Luis Muñoz Marín, quien estuvo destacado en Washington urgiendo su implantación. Sin embargo, lo mismo que el Partido Liberal, los partidos de la Coalición Unión Republicana-Socialista expresaron favorecer su implantación. La mayoría parlamentaria coalicionista confiaba que su colaboración era necesaria, mediante medidas legislativas insulares, para poner en marcha y desarrollo el plan», dice Bolívar Pagán.

A pesar de que tiene que salvar varios escollos políticos, el Plan Chardón se considera por sus creadores la base del futuro desarrollo económico y social de Puerto Rico, y se convierte en héroe común de todos los puertorriqueños que ven en éste la solución a sus graves problemas. Un jugador de béisbol de Ponce, ídolo en toda la Isla, es bautizado popularmente como Planchardón Quiñones en homenaje al plan social ideado por el eminente puertorriqueño de ese apellido.

Regresamos al escenario político puertorriqueño.

El feudo Barceló-Muñoz Marín

A mediados del año electoral de 1936 Barceló lanza la idea al liderato de los partidos Unión Republicana y Socialista de ir al retraimiento en la elección y formar un frente unido en demanda de la independencia de la Isla. La proposición es rechazada de plano y Barceló cambia su actitud. Para estos días, Muñoz regresa de Estados Unidos y anuncia su decisión de no aspirar a la reelección como senador y tampoco ocupar cargo electivo alguno. Además, favorece que el Partido Liberal vaya al retraimiento, afirmando que éste perdería la elección de 1936 y que la independencia vendría pronto, «dentro de uno, dos o tres años». El planteamiento de Muñoz es sometido a la junta central del Partido Liberal, reunida en el edificio de La Democracia en San Juan bajo la presidencia de Barceló. Es derrotado con votación de 32 a favor de participar en la elección, 10 en contra y tres abstenciones. Muñoz anuncia que apelará el resultado ante una asamblea general del partido, que se efectúa el 25 de julio en el teatro Ideal de Yauco. A favor del retraimiento hablan, además de Muñoz, Francisco M. Susoni padre, Manuel A. García Méndez y Ramos Antonini. En contra, Félix Ochoteco hijo, Gustavo Jiménez Sicardó, José Yumet Méndez y Lastra Chárriez. La asamblea derrota nuevamente la proposición de Muñoz, esta vez en votación de 102 1/2 votos en contra del retraimiento y 101 1/2 votos a favor. Aunque el perdedor se confunde en un fuerte abrazo con Barceló y asegura estar con el Partido Liberal y buscar, si se puede, su triunfo en 1936, la ruptura total entre ambos está por venir.

A mediados de agosto el Partido Liberal celebra su asamblea de nominaciones a cargos electivos. El grupo pro-Barceló insiste en postular a Muñoz como candidato a comisionado residente pero éste reitera que no acepta cargo electivo alguno aunque dice que participará en todos los mítines en que pueda para defender el Partido Liberal, lo que efectivamente hace. Nominados los candidatos a puestos electivos, se elige la nueva junta central bajo la presidencia de Barceló. En ésta se incluye a Muñoz como miembro propietario por acumulación pero se dejan fuera a prácticamente todos aquellos líderes que han favorecido sus posturas dentro de la colectividad. Se reelige todo el viejo liderato liberal dejándose fuera el elemento joven. Es el inicio de una dura guerra generacional en el partido. Molesto con esta situación, Muñoz se reúne el 23 de agosto con alrededor de 300 seguidores en los Baños de Coamo para decidir los pasos a seguir ante el evidente repudio que se hace de ellos por el alto liderato liberal. Estudian cuatro opciones:

  1. integrarse a la campaña del partido;
  2. organizar un nuevo partido;
  3. boicotear la elección de 1936; ó
  4. exigir una representación en la junta central liberal que asegure el programa independentista del partido y los mejores métodos para lograrla.

El grupo, a propuesta de Muñoz, aprueba la cuarta opción. Muñoz envía una carta a Barceló reclamando la reestructuración de la junta, que éste rechaza tajantemente sosteniendo que va contra lo aprobado en la asamblea de mediados de agosto y por ser atentatoria a la dignidad de los actuales dirigentes del partido. A continuación tienen lugar varios desarrollos que han de desembocar en la escisión del liberalismo. El 27 de agosto tiene lugar una reunión de la junta central liberal bajo la presidencia de Barceló y con la ausencia de Muñoz. Se trata de la célebre reunión del barrio Naranjales de Carolina en la que se aprueba un voto de confianza absoluta en Barceló. En la reunión se profesa «lealtad absoluta a nuestro partido y su programa; respeto y obediencia, como principios indispensables de disciplina a los acuerdos y resoluciones de sus asambleas generales, fe en los hombres que integran la Junta Central, hija de la voluntad manifiesta de su representación oficial en los cuerpos llamados a elegirla», y se ratifica en todas sus partes el contenido de la carta del día anterior como contestación a la resolución adoptada en el banquete celebrado en los Baños de Coamo, cursada a Muñoz Marín por Barceló.

El 1ro. de septiembre siguiente Muñoz y su grupo se reúnen en Barranquitas y acuerdan renunciar a todas sus nominaciones si no se salvan las diferencias surgidas en el corazón del partido e insisten en representar la «adhesión inquebrantable a la independencia y a la justicia económica». Tampoco hay éxito en las gestiones en procura de la buscada unidad. Muñoz publica un manifiesto en el que hace recuento de su lucha en el movimiento liberal y reclama una ampliación de la junta central para añadirle dos miembros escogidos mediante referéndum y dividir así en partes iguales la representación at-large del organismo, sometiendo el asunto a decisión de una asamblea general del partido. Barceló responde inmediatamente en tonos combativos. Afirma que Muñoz «falsifica los hechos cuando le atribuye el propósito deliberado de irradiarle del partido», lo llama «hijo réprobo» que «escarnecía a los discípulos de Muñoz Rivera» y le asegura que él (Barceló) «era independentista desde antes que Muñoz Marín aprendiera a deletrear la palabra». El puente de comunicación entre los dos líderes queda intransitable.

Acción Social Independentista

Nueve días después de las declaraciones de Barceló, Muñoz y numerosos de sus seguidores se reúnen en el teatro Campo Alegre de Caguas donde acuerdan constituir una agrupación llamada Acción Social Independentista, que respalda el manifiesto y las expresiones de Muñoz y acuerda «defender por los medios más rápidos, más eficaces y más seguros, agotando todas las acciones legales, la independencia de Puerto Rico y la justicia social económica para todos los que sufren, en una u otra forma, las consecuencias de sistema de explotación colonial aquí establecido». Entre los líderes de la agrupación se hallan Ramos Antonini, Samuel R. Quiñones, Felisa Rincón, Ernesto Juan Fonfrías, María Libertad Gómez, Vicente Géigel Polanco, Manuel A. García Méndez, Francisco M. Susoni padre, Yldefonso Solá Morales, Andrés Grillasca y Muna Lee. La agrupación, sin embargo, acuerda declararse en receso hasta pasada la elección general de noviembre, de manera de permitir que los liberales que así lo deseen participen en la campaña electoral. De hecho, uno de los apartados de la resolución que da cuenta del nacimiento de la ASI afirma que ésta no atacará en forma alguna al Partido Liberal durante lo que resta de la campaña de 1936 y tampoco ofrecerá cooperación alguna a los partidos opositores al liberalismo. Aparte de Acción Social Independentista, otra agrupación independentista que surge previo a la elección de 1936 es el Frente Unido Pro-Constitución de la República de Puerto Rico. Ésta tampoco se forma para concurrir a los comicios pero intenta unificar – aunque sin mucho éxito – el pensamiento y la acción de los puertorriqueños en una demanda de independencia para la Isla y asume un papel activo de denuncia de la situación colonial existente. Entre sus principales líderes figuran Gilberto Concepción de Gracia, Jaime Benítez, Fernando Sierra Berdecía, Gaspar Rivera Cestero, Víctor Gutiérrez Franqui, Sol Luis Descartes, Manuel Rivera Matos, Virgilio Brunet, Rafael Picó, Gustavo Agrait, Luis Lloréns Torres, Luis Antonio Miranda, Antonio J. Colorado, Lidio Cruz Monclova y Arcilio Alvarado Alvarado.

Durante la campaña electoral para esta elección es constante el tema sobre la deseabilidad de la celebración de un plebiscito sobre el status aunque finalmente dos de los más importantes líderes de la época, Muñoz e Iglesias, rechazan o dan poca importancia a la celebración del mismo. Muñoz destaca la diferencia entre una elección general y una plebiscitaria, denuncia que mientras las maquinarias del gobierno estén en poder «de los enemigos de mi pueblo», es absurdo favorecer la elección plebiscitaria, y plantea que un plebiscito celebrado con ventaja para una de las soluciones y desventaja para las otras, «no merecería ni crédito ni respeto por parte de los portorriqueños, de los Estados Unidos o del mundo entero».

Por su parte, Iglesias dice no tener objeción a «una consulta inteligente y sabia»…, «aunque mantenemos que esa consulta tendrá una respuesta anticipada e ineludible, el 3 de noviembre, fecha en que Puerto Rico, de acuerdo con sus propias leyes, expresará libre y espontáneamente su opinión en las urnas electorales bien en favor de la independencia o de la unión sincera y permanente del pueblo de Puerto Rico con el pueblo de los Estados Unidos. Para mí, el más grandioso plebiscito que haya de realizarse en la Isla será el que se lleve a efecto el próximo 3 de noviembre».

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