Pachín Marín

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Verbi Clara- Francisco Gonzalo Marín, conocido como Pachín, fue un incansable luchador puertorriqueño por la libertad. En Cuba peleó en la manigua y allí murió en noviembre de 1897, específicamente en la ciénaga de Turiguanó. Aunque en muchos trabahos aparece que nació el 12 de marzo de 1863, en Arecibo, este autor plantea que fue el 9 de marzo. También su hermano Wenceslao murió en los campos cubanos combatiendo.

Vida, pasión y muerte de Francisco Gonzalo Marín

En el prólogo a Los poetas de la guerra José Martí sentenciaba: “El hombre es superior a las palabras. Recojamos el polvo de sus pensamientos, ya que no podemos recoger el de sus huesos, y abramos camino hasta el campo sagrado de sus tumbas, para doblar ante ellas la rodilla, y perdonar en su nombre a los que los olvidan, o no tienen valor para imitarlos”.

Tal parece que esto fue escrito para Francisco Gonzalo Marín (1863-1897) anticipadamente, para aquel romántico poeta y periodista boricua que devenido en soldado libertador ofrendó su vida por la independencia de Cuba y Puerto Rico. Marín no ha gozado con la posibilidad de otros y no se ha podido recoger el polvo de sus huesos, pues descansa en un lugar ignoto de la Isla de Turiguanó. Sin embargo, debemos recoger el polvo de sus pensamientos, como manda Martí, para conservar la memoria de este hombre que fuera “rebelde como un bravo a la injusticia y dócil como un niño a la patria”.

Cabe preguntarnos, ¿qué sabemos de este patriota? Intentemos una breve semblanza y demos algunos otros elementos al lector para que se forme un juicio claro acerca de esta atractiva personalidad del siglo XIX antillano.

Francisco Gonzalo Marín Shaw nació en Arecibo, norte de Puerto Rico, el 12 de marzo de 1863, hijo de Santiago Marín Solá y Celestina Shaw Figueroa. Tuvo, que sepamos, otros seis hermano, entre ellos Wenceslao, quien cayera también en nuestra última guerra independista en el oriente de Cuba. Pachín, como la llamaban cariñosamente, no pudo concluir los estudios seminarios por falta de recursos económicos y se hizo tipógrafo para lograr el sustento propio y ayudar a su familia, y de esta manera se vinculó al mundo periodístico que tanta relevancia tendría en su existencia.

Su labor en una imprenta como cajista le permitió publicar un primer libro de versos, Flores nacientes (1884), donde dio rienda suelta a su temprana vocación poética. Por estos años se entusiasma con las ideas del maestro y patriota puertorriqueño Román Baldoriot y de Castro, de corte autonomista, y se convierte en seguidor y propagandista de este y su mensaje, amén que le dedicara el folleto Mi óbolo (1887), el cual contiene los poemas “Mis dos cultos”, “A la asamblea” y “Al sol”. Este mismo año funda en Arecibo el periódico El Postillón, diario que le ocasionaría serios problemas con las autoridades y le conduciría a su primer exilio, en República Dominicana.

En la hermana nación ejerció el magisterio y también enseñó música, pues Marín tocaba muy bien el violín y la guitarra, además de cantar. Publicó acá un cuadro dramático alegórico, titulado 27 de febrero, en homenaje al país dominicano y donde actuó en uno de los papeles el día del estreno. Todo este ambiente parecía inclinarlo hacia una convivencia estable en Santo Domingo, hasta que se produjo el choque inevitable con el tirano de turno, Ulises Hereaux, alias Lilis. Existen varias versiones sobre el incidente, pero narremos brevemente la que parece más verosímil.

Marín escribió un artículo sobre instrucción pública en un periódico local que llamó la atención de Hereaux, el cual deseó conocer al autor por el vivo interés que despertó en él su contenido; ganado el afecto y la confianza del gobernante, ello le sirvió para obtener un cargo oficial, pero al poco tiempo Pachín no se sintió atado por esto y salió en defensa de un adversario del dictador que había sufrido represalias y para eso escribió un trabajo sobre los derechos del pueblo y criticó el carácter despótico del régimen.

Desde luego, esto provocó la furia del tirano quien ordenó la encarcelación de Marín y pasado un tiempo envió a buscarlo, esposado; se cuenta que lo despidió con estas palabras: “En el puerto hay una goleta que va para Curazao, con que… lárguese de aquí”.

De nuevo errante, el patriota boricua tras su paso por Curazao se estableció en Venezuela, ya en 1889, y laboró como cajista en la imprenta El siglo de Caracas, ocasión en que publicó el poema “Emilia” y otras composiciones más. Pero Pachín era celosamente fiel a su destino y convicciones, y no tardó en entrar en conflicto con el tiranuelo local, Raimundo Andueza Palacio, quien decretó su expulsión de Venezuela hacia la isla de Martinica, colonia francesa, junto a otros periodistas críticos de su gobierno. Se afirma por algunos que un soneto dedicado a Andueza fue el detonante de su salida de este país, soneto que concluye de esta manera: “Cuida, pues, adulado corifeo, / de que el poder o el bajo servilismo / de juez acaso te conviertan reo”.

En 1890, luego de sus amargas experiencias antillana y sudamericana, regresó a Puerto Rico y reanudó la publicación de El Postillón, en su segunda época; ello le acarreó una difícil situación política y tuvo que partir en secreto de su amada isla en agosto de 189l con destino a Boston, Estados Unidos. Antes dejó una carta pública titulada “A mis jueces y mis amigos” donde aclaró las causas de la partida precipitada de Borinquen.

En el exilio norteamericano se unió a la Junta Revolucionaria de Cuba y Puerto Rico, publicó por tercera ocasión El Postillón (1891-1892) y sacó a la luz su libro Romances (1892), con prólogo de su compatriota Modesto Tirado, y cinco narraciones en La Gaceta del Pueblo (1892). Son estos los intensos años en que conoció a José Martí y enseguida mostró empatía con el prócer cubano, al extremo que se desempeñó como secretario del notable Club Borinquen, afiliado al Partido Revolucionario Cubano, y colaboró con cierta asiduidad en Patria.

A partir de 1893 vive por poco tiempo en Haití, donde fracasa un negocio que allí regenteaba, pero a pesar de todo tuvo bríos para fundar un club revolucionario; de vuelta a Nueva York se enteró de la caída en la manigua de su entrañable hermano Wenceslao el 29 de abril de 1896, y este dolor lo impulsó a incorporarse a la guerra de Cuba, lo que hace saber a su padre en emotiva carta. Enrolado en la expedición al mando del general Rafael Cabrera, que partiera de las costas de Georgia y desembarcó en Nuevas Grandes, Nuevitas, en el mes de agosto de 1896, entramos así en la última etapa de la fecunda y agitada vida de Francisco Gonzalo Marín.

Nos interesa, no obstante, antes de ubicar a Marín en la guerra dilucidar un polémico asunto, y que no es otro si fue él autor de la bandera de Puerto Rico. Son varios los patriotas a quienes se les atribuye este alto honor, tales como Manuel Besosa y Antonio Vélez Alvarado, pero existe una carta de Juan de Mata Terreforte, vicepresidente de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano que inclina la balanza hacia nuestro Pachín Marín. Esta esclarecedora misiva afirma:

La adopción de la bandera cubana con los colores invertidos me fue sugerida por el insigne patriota Francisco Gonzalo Marín en una carta que me escribió desde Jamaica. Yo hice la proposición a los patriotas puertorriqueños que asistieron al mitin de Chimney Hall y fue aprobada unánimemente.

Fue Terreforte un testigo único y patriota probado, capaz de aclarar este embrollado asunto, pues a sus altas responsabilidades en la Sección Puerto Rico del PRC y el Club Borinquen, téngase en cuenta que fue la persona designada para realizar la propuesta de adoptar como enseña puertorriqueña la bandera cubana con los colores invertidos en el trascendental acto mencionado, por lo que no deben quedar dudas acerca de la autoría de Marín.

Volvamos al romántico luchador boricua ya inmerso en la guerra independentista de Cuba, sabemos que luego del desembarco primero se unió al gobierno de la República en Armas y más tarde al Cuartel General de Máximo Gómez. En campaña no solamente cumplió sus deberes militares —alcanzó el grado de alférez o subteniente—, sino que se desenvolvió como corresponsal de guerra para La doctrina de Martí, publicación decenal que editara en Nueva York el íntegro Rafael Serra. De estos momentos contamos una descripción suya hecha por un compañero de armas quien le conoció entonces:
Rostro al cielo en una hamaca que se mecía un hombre de piel cetrina, cabeza rapada, feo de cara y escaso de carnes, que parecía interrogar al firmamento sobre su futuro destino acaso; después de mirarnos, volvió indiferente a sus meditaciones…

Marín, como reconoció en una de sus colaboraciones a Serra, escribió versos que le solicitaban, además de los que surgían por propia inspiración, y también animó veladas literarias de campamento. Junto con Gómez cruzó la Trocha de Júcaro a Morón en diciembre de 1896 y operó en la primera fase de la extraordinaria Campaña de La Reforma. Sin embargo, enfermo de paludismo, el mismo Generalísimo orientó que pasase de nuevo la Trocha y se encaminara hacia el Camagüey para mejorar su quebrantada salud. Otro motivo, no menos importante, lo guiaba en su traslado: unirse a un proyecto ambicioso de invasión a Puerto Rico que se preparaba.
En un rincón ignorado de Turiguanó están los restos de Pachín Marín.
Mucho se ha comentado sobre su trágico final en Turiguanó, cuando exhausto pidió a sus compañeros que lo dejasen para no entorpecer al resto del grupo en su intento de burlar el famoso enclave militar. En una hamaca colgada entre dos yanas fue colocado y allí murió de fiebres en noviembre de 1897 según se supone. Tiempo después una partida insurrecta encontró su cadáver y le dio sepultura, señalizando el lugar de su tumba. Murió en suelo cubano como había anunciado en sus versos, “luciendo el emblema de la tierra de Martí”.

Tras su muerte sus pertenencias fueron entregadas a su amigo Modesto Tirado, el que se ocupó de preparar su último libro de poesía, póstumo desde luego, genuina literatura de campaña. En la arena, lo tituló muy oportunamente Tirado. Publicado en plena manigua, en la imprenta de El Cubano Libre, en los montes de oriente, consta de 15 poemas. Aquí encontramos versos dedicados a Martí, Gómez y varios compañeros más de lucha, a su padre, y en sentido general prima el contenido patriótico, uno de ellos, titulado “El emisario” es muy significativo porque aborda un tema que más tarde hará célebre el peruano César Vallejo en su poema “Masa”.

En fin, estamos frente a un libro que retrata de cuerpo entero, y en espíritu, a un poeta romántico y rebelde, y también a una época heroica de la patria. Ojalá se pueda reeditar algún día, junto a sus mejores colaboraciones periodísticas, para orgullo de cubanos y puertorriqueños. También debemos perseverar para que puedan encontrarse sus restos amados, o al menos el sitio aproximado, y erigir allí un monumento digno a donde acudir, como pedía Martí, para perdonar en su nombre a los que lo olvidaron o no han tenido el valor de imitarlo.

José Gabriel Quintas

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Publicación autorizada por el Administrador del Portal. Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco. Creador de la tirilla Filito publicada durante quince años en el diario Nuevo Día y diarios de países de habla hispana en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Autor de doce libros entre los que se destacan Filito at Large, Filito el Libro, Diccionario Real de la Lengua, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV y Bendiciones Cristianas Vols I-II.
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