Albizu Campos: Notas sobre el caso de Puerto Rico

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Mario R. Cancel Sepúlveda-  El Nacionalismo puertorriqueño sostiene: Que existe hace más de un siglo el imperalismo sistemático de Estados Unidos dirigido, hasta hace poco, exclusivamente contra las naciones iberoamericanas, y actualmente, encaminado a imponer una hegemonía mundial yanki.

Que la actual ocupación militar de Puerto Rico es uno de los tantos casos en el avance imperial norteamericano hacia el sur, y que debe verse esta invasión en su aspecto global de una guerra continua contra nuestras nacionalidades.

Que Estados Unidos pretende someter a nuestras nacionalidades a una explotación económica permanente, y que para ese fin recurre lo mismo a medios diplomáticos que a medios bélicos para imponer servidumbres internacionales a su favor con el consentimiento forzado de las víctimas.

Que nuestras nacionalidades pueden en el momento actual detener esa ofensiva yanki si saben aprovechar la situación creada por el conflicto en pie entre los imperialismos europeos, asiático y yanki.

Que no es posible ninguna forma de panamericanismo porque en América se ha reproducido la lucha tradicional entre los pueblos del norte y los del sur de Europa, con la enorme diferencia que los iberoamericanos no han sabido conservar la hegemonía que les legó España en el Nuevo Mundo.

Que es innecesario probar la unidad de nuestras nacionalidades, y hay que reconquistarla. Para ello tenemos que retrotraernos a la época Bolivariana y hacer revivir la sabia política del Libertador como base insustituible para restablecer la hegemonía de Ibero-América libre y soberana.

Que nuestros pueblos se desmoralizan debido a la ideología defensiva imperante convirtiéndolos en víctimas del invasor, y, que hay que restaurar su tradicional espíritu ofensivo que los conduzca a la hegemonía a que tienen derecho.

Que hasta tanto se consiga restaurar para nuestras repúblicas la unidad del imperio colonial, debe identificarse la organización cultural, política, económica, y militar de cada una de ellas, para menos de treinta mil hombres que encuentren tumba adecuada en la tierra que osaron ultrajar con su presencia. Este es un castigo que la más pequeña de nuestras naciones puede imponer para que el invasor la respetase. Como necesidad debe implantarse el servicio obligatorio militar en todas nuestras naciones.

El caso de Puerto Rico:

La anexión de Puerto Rico obedece a un plan premeditado respondiendo a una intención que duró un siglo. Las instrucciones secretas dadas al ejército invasor revelan la conveniencia de asimilarse a un pueblo de alta civilización en 1898, una nación organizada y de vanguardia en todas las actividades humanas, y esto, reconocido por los invasores.

El Tratado de París en nada obliga a Puerto Rico porque no fue parte contratante, y no era una factoría que España pudiese ceder y Estados Unidos anexar, sino una nación civilizada y cristiana, de superior cultura y de personalidad propia reconocida por la misma España en virtud de la autonomía que estableció el derecho de concertar tratados con otras potencias, definiéndose de la manera más formal una de las prerrogativas de pueblo definido y soberano.

Estados Unidos reconoce la nacionalidad puertorriqueña porque la mantiene separada de su cuerpo político por una ocupación militar; porque ha rehusado convertirla en “estado” federado, su forma normal de gobierno, dándose cuenta de que Puerto Rico no es asimilable.

Los planes sistemáticos para destruir la nacionalidad puertorriqueña

  1. El ataque contra la cultura hispánica de Puerto Rico. Implantación de un sistema de instrucción pública obligatorio imponiendo el idioma inglés como único vehículo de enseñanza y reducción de nuestro idioma a la condición de lengua extranjera en nuestra propia tierra.
  2. El ataque contra el propietario puertorriqueño. Destrucción de la industria puertorriqueña implantando el cabotaje libre entre Puerto Rico y Estados Unidos e imponiéndonos sus aranceles para someternos al mercado norteamericano, mientras se negaba toda protección a la industria nativa y se le hostilizaba para todos los medios fiscales administrativos.
  3. Destrucción del comercio puertorriqueño extranjero (no yanki) con los mismos métodos citados.
  4. Destrucción del terrateniente puertorriqueño en igual forma, creándose los enormes latifundios yankis e imponiéndonos una especialización de producción: Azúcar, tabaco, y café, que nos obliga a depender para la subsistencia del mercado yanki. Durante la ocupación militar yanki han desaparecido, 52,000, (cincuenta y dos mil) terratenientes, se ha aumentado la clase proletaria en medio millón de almas.
  5. Explotado, se ha aprovechado de nuestra densidad de población, la más alta en este continente, para imponer jornales de sesenta centavos o a lo más de un dólar en las centrales, que tienen sus propias tiendas que vuelven a recoger el poco dinero que lanzan al mercado. Mientras tanto, el comercio de Estados Unidos nos impone sus peores mercancías al precio más alto en virtud del monopolio de que dispone por la exclusión de toda competencia, exclusión establecida por el arancel.

En Puerto Rico se reúnen dos extremos: los jornales más bajos y los precios más altos de América. Para mantener esa situación, el gobierno yanki se opone a la emigración y a la industrialización, aunque simula un interés en ambas cosas. Por supuesto, todo el poder público queda en sus manos; toda la legislación colonial tropieza con el veto irrevocable del Presidente de Estados Unidos. El Congreso de Estados Unidos se reserva el derecho de derogar o enmendar todas y cada una de las leyes coloniales; el poder judicial está en manos finalmente, del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

El cabotaje libre beneficia casi exclusivamente a los yankis ya que los grandes intereses en azúcar, tabaco y frutas están en sus manos. Eso explica como Puerto Rico aparezca tan rico en números y muerto de hambre en realidad.

El Nacionalismo Puertorriqueño entiende que este es el plan que Estados Unidos pretende desarrollar en todas nuestras naciones, ya implantado en varias repúblicas, aunque en ellas no avanza con la rapidez que ha habido en Puerto Rico, porque en nuestra tierra los invasores retienen en sus manos todo el poder público.

No obstante esas condiciones, la nota hispánica más intensa se está dando en Puerto Rico, según dijo el gran Vasconcelos, y el nacionalismo se ha impuesto.

Tomada de Revista / Review Interamericana. 3.2 (1978) reproducida del Archivo del Museo de La Habana por Eusebio Leal Spengler, Historiador Oficial de La Habana.

Comentario:

El documento contiene lo que podría denominarse la “tesis política” del Partido Nacionalista al momento en que Albizu Campos sale de viaje con el fin de promover la independencia por El Caribe e Ibero América. Se trata de una serie de guías que darán unidad al mensaje del abogado ante una audiencia que no conocía la situación de la isla en detalle. El texto informa al lector sobre dos cosas: la imagen que Albizu Campos espera se tenga sobre el caso colonial de Puerto Rico; la relación entre el caso de Puerto Rico y el neocolonialismo en el resto de Ibero América y lo que se espera de ella.

La “Tesis general” se apoya en 3 principios. El reconocimiento de Estados Unidos como un Imperio con aspiraciones hegemónicas, la universalidad del Conflicto Norte-Sur y el carácter económico del Imperialismo estadounidense. Los mismos se justifican sobre la base de que Estados Unidos niega el carácter Imperialista de su política (Imperial Denial apoyado en el principio de su “inocencia”) y que el Imperialismo era invisible para la resistencia Independentista en Puerto Rico. El antiimperialismo de Albizu Campos era una novedad para una clase política y una sociedad que todavía imaginaba el 1898 como un paso hacia la Modernización y la Civilización.

De ello deriva 5 acciones inmediatas para establecer la resistencia. El reconocimiento de la capacidad Ibero Americana para detener el Imperialismo, que el Panamericanismo propuesto por Estados Unidos como opción a Ibero Americanismo es una quimera dado el Conflicto Norte-Sur, que la Unidad Ibero Americana no tiene que hacerse sino ser reconquistada sobre una base Bolivariana, que hay que abandonar la posición defensiva y ponerse a la ofensiva, y que hay que organizar la resistencia con urgencia para desalojar a los Imperialista de inmediato.

La meta última del Albizu Campos es “restaurar para nuestras repúblicas la unidad del imperio colonial” y “restablecer la hegemonía de Ibero-América libre y soberana”. Su solución es un retorno simbólico a la situación de los Virreinatos y las Capitanía Generales hispanas, pero desde la Soberanía y la Independencia. Solo así se garantizaría la Hegemonía Ibero Americana. De eso se trata la Unidad Bolivariana.

La síntesis del caso Colonial de Puerto Rico es interesante. Albizu Campos detalla la “condición política” y documenta los “planes para destruir la nacionalidad puertorriqueña”. Lo primero se reduce al principio jurídico de la “Nulidad del Tratado de París” que Albizu Campos postula desde 1926, el carácter soberano de la Autonomía de 1897, y la imposibilidad de asimilar a Puerto Rico y convertirlo en Estado Federado como ya había reconocido José Coll y Cuchí en su libro de 1923. Lo segundo echa mano de argumentos culturales como el “ataque contra la cultura hispánica” y la imposición del inglés. Pero enfatiza en argumentos económicos que ponen el peso de la culpa en la inclusión de Puerto Rico en la Leyes de Cabotaje de Estados Unidos y sus efectos nocivos sobre la agricultura, la industria y el comercio de la Nación. El latifundio y la “especialización de producción” o monocultivo, y los salarios miserables de la clase obrera, completan el cuadro.

El sueño de Albizu Campos es un Puerto Rico soberano, donde los puertorriqueños sean los protagonistas del proceso de explotación y del mercado y que camine a la industrialización. Por último, la propuesta es optimista dado que “la nota hispánica más intensa se está dando en Puerto Rico, según dijo el gran Vasconcelos, y el nacionalismo se ha impuesto.”

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Mario R Cancel Sepúlveda

Es especialista en estudios Puertorriqueños y Caribeños. Trabaja como Catedrático Asociado de Historia en el Recinto Universitario de Mayagüez, y es además Profesor y Consejero en la Escuela Graduada de Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Ha publicado libros de historia, biografía, crítica literaria en torno a textos modernos y contemporáneos, y literatura creativa en los géneros de poesía y narrativa corta.

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