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Borikenophis portoricensis se conoce como corredora puertorriqueña por traducción del inglés Puerto Rican racer; la adopción de este nombre ha sido reciente, como lo demuestra su ausencia de la última edición (1998) de “Los anfibios y reptiles de Puerto Rico”. Esta es probablemente la culebra más común y ampliamente distribuida en la isla; a diferencia de la boa puertorriqueña, que llega mayormente a casas ubicadas cerca de áreas boscosas, la corredora lo hace también en áreas costeras, más calientes y secas, aledañas a matorrales y solares baldíos. La corredora es más delgada que la boa y sus movimientos son mucho más rápidos; su nombre común se refiere precisamente a la velocidad con que se desliza o “corre” sobre el suelo. En la isla grande hay dos subespecies: B. p. prymnus a lo largo de la costa sur y B. p. portoricensis en el resto de la isla.
La corredora mide por lo general hasta tres pies de largo y es de color pardo oscuro, a menudo con una línea oscura desde el hocico hasta el cuello. La parte ventral de la cabeza tiende a ser amarillenta y el vientre del cuerpo es pálido. La subespecie del sur es más pequeña y pálida. La corredora es mayormente diurna y caza por lo general cerca del suelo, aunque también busca presas en los árboles.
Sus víctimas principales son lagartijos y siguanas, aunque también puede atrapar coquíes, salamanquesas, iguanas verdes, pichones y ratones. La culebra asecha a su presa o permanece inmóvil hasta que la misma se acerca; entonces, se lanza hacia ella y la muerde, sosteniendo la mordida hasta que el veneno, producto de
glándulas que descargan a través de los dientes posteriores de la mandíbula, comienza a surtir efecto y la presa ya no resiste con fuerza. Para inyectar más veneno, la culebra mastica varias veces a la presa. La corredora por lo general no constriñe a sus víctimas, pero de ser necesario lo hace. La presa paralizada es
engullida completa comenzando preferiblemente con la cabeza.
Los principales enemigos de la corredora son la mangosta, los guaraguaos y los halcones. Cerca de las casas son atacadas por cerdos, perros y gatos; los últimos dos las hieren o las matan pero rara vez las comen. Cuando se siente amenazada, su primera opción es escapar deslizándose rápidamente sobre el sustrato. Si queda acorralada, se levanta parcialmente del suelo y como una cobra expande la piel del cuello, tirando a morder cuando lo que la amenaza se acerca. La mordida no es letal para las personas, aunque puede causar dolor, enrojecimiento e inflamación. En casos extremos de sensibilidad puede causar parálisis muscular.
Las hembras son ovíparas y en un lugar oculto depositan cerca de diez huevos, generalmente entre marzo y mayo. Los recién nacidos miden unas ocho pulgadas de largo. La especie habita en Puerto Rico y las Islas Vírgenes.

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