El Partido Nacionalista y las Elecciones de 1932

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Mario R. Cancel Sepúlveda- El programa electoral del Partido Nacionalista insistía en que el estatus sí estaba en issue en las elecciones de 1932. El contraste con la actitud del Partido Popular Democrático ante los comicios de 1940 es notable. La organización desarrolló una campaña que, por lo atrevida, los condujo por una ruta riesgosa para sus aspiraciones electorales.

Aspectos de una campaña radical

Lo primero fue una campaña contra lo que Pedro Albizu Campos denominó la prensa colonial, sintetizada en su controversia con El Mundo iniciada en noviembre de 1931. El 24 de septiembre había estallado una huelga como respuesta por la suspensión de 138 universitarios que criticaron en la prensa el despido injustificado de empleados del sistema por motivaciones políticas. El líder nacionalista acusó al periódico de estar al servicio del Gobierno sobre la base de que en sus páginas se había condenado las actuaciones de dos líderes estudiantiles que militaban en el Partido nacionalista: Eugenio Font Suárez y Gilberto Concepción de Gracia. Sin embargo, lo que más molestó a los directivos del diario, Antonio Coll y Vidal y Ángel Ramos, fue la acusación de que ello no tenían capacidad económica para sostener esa empresa. La implicación de que la empresa periodística era financiada por el Gobierno Colonial era clara. Lo cierto es que El Mundo representaba las posiciones de un segmento de la derecha colonial pero ello no necesariamente significaba que fuera un proyecto mediático sostenido por el Estado. El Mundo, que era uno de los diarios más leídos del país, respondió con una campaña anti nacionalista que afectó la imagen pública de Albizu Campos ante las elecciones. No sólo eso, el rotativo cerró sus páginas para el Partido Nacionalista durante meses. Los efectos de enfrentar los medios masivos de comunicación con argumentos de esa naturaleza son bien conocidos.

Lo segundo fue una polémica que involucró al poderoso Instituto Rockefeller fundado en Manhattan en 1901, y el Dr. Cornelius P. Rhoads, investigador de enfermedades tropicales y médico con rango de coronel en el ejército de Estados Unidos que laboraba en el Hospital Presbiteriano. El debate giró en torno a una carta comprometedora en donde Rhoads manifestaba su desprecio a los puertorriqueños y, de paso, alegaba, que había matado varios de ellos e inoculado células cancerosas a otros más. El documento llegó a manos de Luis Baldoni, empleado y nacionalista, quien la reportó ala autoridades hospitalarias. Ante la inercia de la institución, la puso en manos del Partido Nacionalista. El texto completo de la nota se encuentra en una Informe del FBI fechado el 26 de febrero de 1936 en Washington en la página 9.

El Partido Nacionalista la hizo pública y la utilizó para argumentar que se trataba de un “plan genocida” o “de exterminio” contra la Nación. Rhoads se fue del país impune y alegó que la carta era “una composición fantástica escrita en broma como entretenimiento personal”. Independientemente de ello, la nota era de mal gusto y resumía prejuicios étnicos y culturales reales que se pueden documentar en la bibliografía de numerosos estadounidenses de la época con respecto a los puertorriqueños. Por ello provocó la indignación general, el escándalo se difundió en estados Unidos y animó una investigación oficial del gobierno colonial al respecto. Broma o no, dio municiones al Partido Nacionalista justificar sus argumentos en torno a la realidad de una Guerra entre Civilizaciones y criminalizar el coloniaje muy eficaz entre los meses de enero y febrero de 1932.

El 16 de abril de 1932, en la conmemoración del Natalicio de José De Diego con un mitin en la Plaza Baldorioty, los ánimos nacionalistas estaban bastante caldeados. El Caso Rhoads se combinó con una propuesta del líder anexionista Celestino Iriarte. En medio de su discurso Albizu Campos invitó a la multitud a que le acompañara al Capitolio con el fin de evitar la aprobación de una Ley que convertía la Bandera del partido nacionalista en Bandera Oficial de la colonia. Cerca de 800 personas, de acuerdo con los informes de la prensa, caminaron de la Plaza Baldorioty al Capitolio –como si se tratase de una nueva Bastilla- pasando frente a donde hoy se encuentra el edificio de Hacienda, el Ateneo, la Casa de España y la actual Biblioteca Carnegie. En el tránsito se armaron con palos y piedras y penetraron al recibidor del Capitolio por la banda sur. El edificio, que estaba en reparaciones y el forcejeo entre nacionalistas y elementos de la Policía Insular, produjeron el derrumbe de una baranda y la muerte del joven Manuel Rafael Suárez Díaz. Las consecuencias de ello fueron dos: el acto produjo el primer arresto contra Albizu Campos y el primer mártir proclamado por el nacionalismo. Las consecuencias del mismo pueden considerarse un triunfo político: el proyecto no se aprobó y Manuel G. García Méndez y Antonio R. Barceló, liberales, celebraron el acto como uno heroico. Por lo demás, Albizu Campos fue encontrado posteriormente no culpable del delito de incitación a motín de que se le acusó. El episodio generó brotes esporádicos de violencia durante los días siguientes.

El Proyecto de la Bandera era un asunto delicado y complejo. La bandera había sido creada en 1896 por la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Aquella había sido una alianza entre independentistas, confederacionistas y anexionistas, distinta por completo al Partido Nacionalista. En ese sentido, cualquiera de los tres sectores ideológicos podía reclamar la insignia como suya. El único argumento que legitimaba el reclamo de Albizu Campos era que el mítico creador de la misma –Antonio Vélez Alvarado– militaba en el Partido Nacionalista desde su fundación. El reclamo de exclusividad también provenía del hecho de que el partido la usaba como distintivo electora y aspiraba que ella fuese la bandera de la república.

Uno de los actos agresivos más difundido fue, por último, la agresión de Luis F. Velázquez, nacionalista de Ponce, al Juez Presidente del Tribunal Supremo Emilio del Toro y Cuebas el 15 de junio de 1932. Toro Cuevas era anexionista y sería el Juez Presidente que el 25 de junio de 1937 autorizó el desaforo de Albizu Campos después de su condena a la cárcel de Atlanta, Georgia. Parte de su obra se recogió en 1950 en el volumen Patria. Artículos, discursos, informes y entrevistas, edición que estuvo a cargo de la conocida Biblioteca de Autores Puertorriqueños, dirigida por Manuel García Cabrera. Las leyendas sobre la polémica son múltiples. Algunas fuentes alegan que fue un acto premeditado entre Albizu Campos y Velázquez, otros lo usan para demostrar la capacidad jurídica del abogado e incluso se alude al mismo como la demostración de la ilegalidad del sistema colonial por el resultado del pleito en los tribunales estatales.

Mitología aparte, la acción consistió en que Velázquez abofeteo a Toro y Cuebas en terrenos del Tribunal Federal por una afrenta a la bandera nacional y lo reta a duelo en el campo del honor: una acción muy de acuerdo con el hispanismo dominante entre los nacionalistas. Velázquez era una figura prominente de su tiempo: no se trataba del “tipo común” de la reciente agresión al gobernador Luis Fortuño Burset. Velázquez había sido miembro de Partido Autonomista Puertorriqueño en el siglo 19, periodista destacado, colaborador de Luis Muñoz Rivera en sus campañas y masón activo, además de ser un empresario destacado. Albizu Campos consiguió su absolución sobre la base de “falta de jurisdicción” al momento del arresto. Velázquez fue arrestado por la Policía Insular y procesado por los Tribunales de Puerto Rico, por un delito que había sido cometido en la Jurisdicción Federal por lo que debió ser arrestado y procesado por el sistema de Tribunales de Estados Unidos. El impacto mediático de la decisión debió ser mucho, pero el efecto político pudo haber sido reducido.

Un antecedente de todo ello fue la conferencia de la Asociación Republicana de Puerto Rico celebrada en el Ateneo Puertorriqueño para discutir y celebrar la Segunda República Española el 14 de junio de 1931 en el Teatro Tapia de San Juan Antiguo. El choque ideológico con la juventud liberal representada por Antonio J. Colorado; y el socialismo amarillo, encabezado por Santiago Iglesias Pantín, desemboca en tumulto que condujo a la intervención de la Policía Insular con el fin de aplacar los ánimos. La diferencia radicó en que mientras los dos citados celebraban la República como el nacimiento de la España Nueva Laica y Moderna, Albizu Campos lamentaba la muerte de la España Tradicional Romántica y Monárquica y le reconocía el papel de Gestora de la Hispanidad y la Nacionalidad. El ambiente no era apropiado para celebrar la Monarquía y podía interpretarse como un atrevimiento o una arrogancia intelectual. Su conclusión resulta magistral para comprender el hispanofilismo de los nacionalistas:

“Todo eso lo lloro yo, la última romántica del siglo XX tal vez; y por eso yo me pregunto, si en este movimiento republicano socialista español, se piensa copiar los principios de la Constitución americana, para implantar el régimen actual; ¿Podrá la ardiente España, implantar con fortuna cánones de un frío pueblo sajón, incapaz de emociones, responderán estos a su psicología? (El imparcial, 25 de abril de 1931)

Albizu Campos representaba el extraño caso de un abogado liberal, hegeliano en cuanto al destino de libertad de la Nación que incluso apela a una campaña electoral científica como un Hostosiano positivista, pero percibe la República Laica Moderna como un sistema inhumano y negativo para España por su racionalidad e incapacidad de emocionarse.

La apelación a la violencia en el contexto electoral

Entre los años 1930 y 1932 la apelación a la violencia se reitera de diversos modos. La más notable es la promesa de recurrir a las armas si no son escuchados. La toma del Capitolio con una turba nacionalista y la asociación del partido y su líder a varios tumultos y agresiones físicas fueron parte de ello como el del Teatro Tapia en el verano de 1931. Pero debo aclarar que la violencia–sindical, criminal y doméstica-, política –revolucionaria y electoral- no era una novedad.Como se verá en los enlaces de referencia al calce de este comentario, sus índices se habían multiplicado en la década de 1930. A sabiendas de ese hecho, la historiografía oficial moderada ha concentrado en la discusión de la violencia nacionalista, la ha visto con el “ojo del caballo” y la ha “demonizado” de una manera muy eficaz

A pesar o por razón de su campaña, en las elecciones de 1932 el Partido Nacionalista de Puerto Rico solo obtuvo 5,257 votos: Albizu Campos marcó 11,882 para Senador por Acumulación. La Coalición Puertorriqueña ganó 6 de 7 Distritos Electorales; 28 de 35 Distritos Representativos, y 51 de 72 Municipios. Iglesias Pantín obtuvo a la Comisaría Residente y Antonio R .Barceló y Luis Muñoz Marín, liberales e independentistas obtuvieron su pase al Senado. El Anexionismo estaba en el poder por primera vez desde 1904. La crisis económica favoreció un auge anexionista en el país, sector que mantuvo en el poder hasta 1940.

Albizu Campos atrajo independentistas del Partido Liberal Puertorriqueño y no afiliado en la papeleta: Muñoz Marín, en entrevista con Ángeles Mendoza (El Mundo, junio de 1931) alegó que votaría por él para Senador por Acumulación. El nacionalismo de Muñoz Marín estaba entroncado en la tradición de la New Left –roja- de Estados Unidos; y en la experiencia al lado del Partido Socialista e Iglesias Pantín entre 1920 y1922. Pero ello no fue suficiente para obtener el escaño. El giro a la violencia no fue el resultado de una derrota electoral sino consecuencia del fracaso del experimento electoralista. La necesidad de hacer la República en lo inmediato, por las armas si fuese necesario, se impuso.

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Mario R Cancel Sepúlveda

Es especialista en estudios Puertorriqueños y Caribeños. Trabaja como Catedrático Asociado de Historia en el Recinto Universitario de Mayagüez, y es además Profesor y Consejero en la Escuela Graduada de Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Ha publicado libros de historia, biografía, crítica literaria en torno a textos modernos y contemporáneos, y literatura creativa en los géneros de poesía y narrativa corta.

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