La Capilla del Cristo

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

La calle donde se erige como reina absoluta la Capilla del Cristo, se conocía anteriormente como la calle Santa Catalina. Sin embargo, un hecho extraordinario tenido por milagroso, cambió su nombre y su valor para siempre.

Cuenta la leyenda que para los años 40 del siglo 18, se celebraba con gran algarabía las fiestas de San Pedro en la calle Santa Catalina. Como es de esperarse, las personas se aglomeraron en la plaza para escuchar las melodías de la guitarra, los bailes y la buena comida. Como parte de la gran celebración los grandes jinetes de la ciudad competían en medio de la calle con sus mejores corceles. Entre ellos se encontraba el entrenador de caballos don Baltazar Montañez y Mujica.

Luego de varias corridas en la calle, entre los vitores de los habitantes, Baltazar inicia su arrancada final contra su corredor oponente. Teniendo en cuenta que la calle era estrecha y terminaba en un profundo acantilado en una de las murallas de la ciudad, Baltazar animó al caballo para que corriera su mejor tramo a mitad de la carrera. Sabiendo que ya había aventajado al otro, quizó detener el ritmo de su brioso corcel pero éste continuó su ritmo apresurado como si hubiese estado siendo arrastrado por un hilo invisible y malévolo.

En ese instante, se asomaba a la calle el Secretario de la gobernación, Don Tomás Mateus Prats. Al ver que el caballo y su corredor se dirigían con impulso hacia el acantilado, dio grandes voces implorando al Santo Cristo de Salud. En ese instante el caballo detuvo su marcha y Baltazar quedó peligrosamente suspendido de su caballo en el borde de la muralla. La multitud quedó impresionada por el suceso. Muchos se arrodillaron en medio de la celebración agradeciendo al Santo Cristo por aquel milagro.

Luego de aquel suceso, Don Tomás mandó a erigir como agradecimiento una capilla en la que colocó el cuadro del Señor Crucificado con Nuestra Señora, San Juan y María Magdalena en el retablo de la iglesia. Posteriormente, la calle se llamó La Calle del Cristo.

Sin embargo, fuentes locales confirman que lo sucedido si tuvo un final fatal, pues el joven Baltazar sí cayó por acantilado y murió. La capilla quedó erigida por Don Tomás para evitar tragedias futuras en la Calle del Cristo.

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Lionel Valentin Calderon

Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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