La retirada americana de Santo Domingo

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La retirada americana de Santo Domingo

Mario R. Cancel Sepúlveda– Cuando estalló la Revolución Maderista en Méjico en 1912, los imperialistas americanos, que tenían intereses petroleros y mineros en dicha república, iniciaron inmediatamente su campaña de intervención. La prensa americana, sensibilísima a las llamadas de los intereses capitalistas, se mostró casi unánime en pro de la intervención americana en la república Azteca para “libertar al pueblo mejicano del despotismo porfirista, para realizar una campaña puramente humanista”. He aquí la pretendida justificación de la intervención para fines humanitarios, justificación rechazada por todos los tratadistas de derecho internacional por ser lesiva a la soberanía nacional.

Los principios de derecho, sin embargo, influyen poco en el ánimo del imperialista: éste cree solamente en la fuerza representada por la riqueza y el número de hombres a su disposición. Teme solamente a la fuerza.

Cuando el pueblo americano, enardecido lo suficiente por la prensa para invadir a Méjico con el fin de “redimirlo”, levantaron su voz de protesta los poderes europeos, y en una declaración conjunta mostraron su enojo contra la política imperialista americana declarando: “Que el mundo no podía ver con ojos de indiferencia la continua expansión de los Estados Unidos hacia el Sur”.

Cesó inmediatamente la campaña de intervención en Estados Unidos. Ya no era necesario ir a “redimir” a los mejicanos.

Pero estalla la guerra europea en el 1914. Se anuló el poder europeo que era la única fuerza temida, y resucitó la necesidad de “redimir” a los mejicanos! No se hizo esperar la ocupación de Vera Cruz por las tropas americanas, la invasión de Pershing y el sinnúmero de actos contrarios al derecho internacional realizados por Estados Unidos contra una nación amiga, contra la cual hacía guerra sin haberle declarado guerra. Los observadores de la situación llegaron a la conclusión que la política americana era desorganizar a Méjico para someterlo al Imperio Yanki.

Grande como era el campo de acción en Méjico, la ambición americana no se contrajo a sus fronteras. Como el embrollo europeo continuaba y no había vecino alguno con fuerzas suficientes para detener la avalancha de atropello de la nación americana contra sus vecinos, sin justificación de ninguna clase, sin declaración de guerra, el pueblo dominicano y el pueblo haitiano sufrieron la invasión de tropas navales americanas y vieron sus territorios bañados con la sangre de su hijos, muertos por los invasores que habían ido a destruir su soberanía, a desaposesionarlos de lo que era suyo.

En Haití, consiguieron que el gobierno haitiano actuase sujeto a la dirección americana. Inmediatamente le impusieron un tratado para que Haití no pudiese conceder franquicia alguna para la explotación de su enorme riqueza sin el consentimiento del gobierno de Estados Unidos. El objeto fue darle ese monopolio a los intereses americanos y someter a Haití a la misma explotación económica en que se halla Puerto Rico.

Estados Unidos se verá obligado ahora a explicar ante la Liga de las Naciones los actos de barbarie realizados por sus tropas en Haití y el ataque a la soberanía haitiana sin justificación de ninguna clase. Este expediente ha sido promovido últimamente por el gobierno haitiano que será representado especialmente ante la Liga de las Naciones por el ministro de Haití en París.

Los dominicanos rechazaron de plano toda ocupación americana y rehusaron cooperar en forma alguna con las tropas invasoras obligando así al gobierno de Estados Unidos a una ocupación militar formal ante el mundo con toda la responsabilidad internacional que sus actos implicaban. La nación dominicana se unió como un solo hombre, y han dado la batalla más hermosa en pro del derecho violado por los que hipócritamente han venido jurando defenderlos: las misiones dominicanas comparecieron ante el mundo entero, se presentaron en Washington, en todas las capitales latinoamericanas y europeas y no cesaron en su protesta hasta que Estados Unidos se vio obligado a reconocer que su conducta en Santo Domingo era una atrevida violación del derecho internacional, lesiva a la paz americana y a la paz mundial. Quisieron repetir el golpe de 1848 cuando privaron a Méjico de la mitad de su territorio, el ataque a Colombia a principios de este siglo para dominar el comercio del Nuevo Mundo, etc., etc. Los actos recientes son la continuación de su política de expansión hacia el Sur, que se vale de todos los medios de penetración imaginables, y que han destruido la confianza depositada en la buena fe norteamericana en sus relaciones con la América Latina y con el resto del Mundo. Su imperio yg no esconde su espada: la tiene desenvainada y se la aplica al cuello a quien tenga el valor de no prestarse a formar parte servilmente de su ejército invasor.

Esta política ha motivado la invitación que recientemente ha hecho el Perú a las naciones que constituyeron la gran Colombia, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, para que se constituyera de nuevo en la unidad hermosa de su pasado para poderse defender contra el Imperio Americano y de su política de continua penetración.

Este proyecto ha provocado la idea de que Méjico y la América Central se unan para su defensa legítima, y que las Antillas lleven a cabo la concepción de varios de sus más ilustres hijos, entre ellos de Hostos y De Diego, para formar la Confederación Antillana, que puede pasar a ser un poder naval de gran importancia por su posición estratégica y por la riqueza de sus territorios.

El día 22 de este mes celebra la heroica e invicta nación dominicana la retirada de las tropas americanas de sus territorios y la institución del poder legítimo dominicano.

El mundo entero se regocija al contemplar la vindicación del derecho y las naciones latinas, hermanas en la sangre, enviarán delegaciones a la capital de Quisqueya en prueba de la solidaridad con ella en su dolor pasado y en su alegría del presente.

Quedará Puerto Rico solo bajo la dominación imperial americana. Aquí también se vienen violando desde el 98 todos los derechos que el hombre civilizado quiere implantar, destruyendo para siempre la esclavitud individual y la esclavitud colectiva; la primera ha desaparecido, la segunda persiste en la forma del coloniaje imperante en Puerto Rico. Esta condición abominable no es tolerable en ninguna parte y mucho menos en América.

Los pueblos soberanos, débiles o fuertes, se han convencido que tienen que inhibirse del ejercicio de Imperio y oponerse a las prácticas imperialistas de otras naciones si quieren preservar su propia soberanía. Estados Unidos no tardará en aprender esta lección si no quiere convertir al Mundo entero en su enemigo, y para demostrar su buena fe, aquí en Puerto Rico tiene la oportunidad: que reconozca la constitución de Puerto Rico en una república libre y soberana de acuerdo con sus derechos inalienables.

Tomado de El Nacionalista de Ponce, Puerto Rico, 13 de julio de 1925.

Comentario:

La crítica a las “intervenciones humanitarias” de la tropas de Estados Unidos en Ibero América, fueron esenciales para el desarrollo de un Antiimperialismo militante en la década del 1920. El argumento jurídico liberal de que el Imperialismo no cree en el Derecho sino en la Fuerza es utilizado para afirmar el argumento anterior. La intención es desenmascarar la política de una nación que se ha proyectado como garante de la Independencia de las Américas durante más de un siglo.

Albizu Campos reconoce que la correlación de fuerzas entre Estados Unidos y Europa influye en el Conflicto Norte-Sur que se escenifica en las Américas. La única fuerza capaz de frenar la expansión estadounidense, es el conjunto de las Naciones de Europa. Pero la Gran Guerra (1914-1918), a la vez que debilita a Europa, deja las manos libres a Estados Unidos para expandirse sin freno. Las invasiones de México, Haití y República Dominicana, la adquisición de las Islas Vírgenes y la imposición de la Ciudadanía Americana a los puertorriqueño, todo ello justificado por el temor a una agresión alemana, así lo confirman.

Albizu Campos, sin embargo, ve en la agresión imperialista una oportunidad para que Ibero-América “se constituyera de nuevo en la unidad hermosa de su pasado para poderse defender contra el Imperio Americano”. Su optimismo al respecto es palmario. La apelación a la autoridad de la Liga de las Naciones es un modo de llamar la atención sobre como Estados Unidos viola los principios garantizados por el idealismo wilsoniano. De este modo, el retiro de las tropas americanas de República Dominicana es solo una excusa para confirmar el carácter internacional de la lucha por la independencia de Puerto Rico y la necesidad de debatir ese fenómeno.

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