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Nuevo realineamiento político

Antonio Quiñones Calderón- El 22 de julio de 1898 el gobierno de España solicita del de Estados Unidos que inicie los pasos conducentes a la celebración de un armisticio que establezca los términos de la paz entre ambas naciones. El presidente norteamericano responde imponiendo la siguiente condición: la cesión por España a Estados Unidos de la Isla de Puerto Rico y todas las otras islas que posee en el mar Caribe. «En consecuencia ­– escribe el presidente norteamericano William McKinley –, el Presidente está obligado a pedir la cesión a Estados Unidos, así como la evacuación inmediata por España, de Puerto Rico y de las demás islas que se hallan bajo la soberanía de España en las Indias Occidentales».
Mientras tanto, el día 25 de julio, las tropas norteamericanas llegan a la costa meridional de Puerto Rico, al mando del general Nelson A. Miles, e inmediatamente inician su desembarco por el puerto de Guánica. El gobernador Macías solicita a los puertorriqueños que se enfrenten a las fuerzas norteamericanas, confiando en que «no ha de faltarme la valiosa cooperación y espontáneo esfuerzo del país, que en paz y prosperidad ha vivido hasta el día con su nacionalidad española, cuya fe ha acreditado en otras ocasiones anteriores, y que en ésta me prometo confirmará». La proclama de Macías, como otra que al inicio de las hostilidades emite el Gabinete Autonómico, caen en oídos sordos entre los puertorriqueños. Por el contrario, las tropas son recibidas «con manifiesto contento, al propio tiempo que numerosos individuos les brindaban durante las operaciones eficaz cooperación». Explica Bolívar Pagán:

«El liderato y la masa del pueblo puertorriqueño, aunque no fueron separatistas contra la soberanía española, ya miraban inevitablemente con admiración el desarrollo de las libertades y de la democracia en la pujante Federación norteamericana, y presentían relaciones del país puertorriqueño con aquella gran potencia, entonces con ansias expansionistas en nuestro hemisferio occidental. Los mismos dirigentes de la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, presidida por el Dr. J. J. Henna, formada en Nueva York, alejada de los movimientos y aspiraciones de los militantes políticos puertorriqueños de la época, que laboraba hacia la independencia de la Isla contra la soberanía española, dio pasos cerca de las autoridades de Washington para facilitar la invasión de la Isla por las tropas norteamericanas. Razones de proximidad geográfica y resonancias de libertad, democracia y progreso que trascendían del Norte hacia Puerto Rico, facilitaron la acogida que en el trueque de soberanías predispuso al pueblo de Puerto Rico con simpatías e ilusionadas aspiraciones en sus relaciones con Estados Unidos de América».

De hecho, es significativo y poco divulgado que los separatistas puertorriqueños agrupados desde diciembre de 1895 en la sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano radicado en Estados Unidos para luchar por la independencia de la Isla, incluso redactan un manifiesto con el propósito de distribuirse al público cuando arriben a la Isla las tropas norteamericanas en 1898. El manifiesto, escrito por Eugenio María de Hostos y Henna, dice:
«No es el invasor extranjero el que nos amenaza: no es un nuevo señor que viene con el propósito de esclavizarnos, es el gran pueblo norteamericano, por su fuerza, sus hábitos de moralidad y de templanza, y sus libres instituciones federales, quien llega a emanciparnos. Vuestras cadenas de siervos están ya rotas… escaláis en este momento las soñadas alturas de la plena ciudadanía…».

Más aún, antes de que se inicie la guerra en abril de 1898, Henna se entrevista con el senador republicano Henry Cabot Lodge y con el subsecretario de la Marina estadounidense Theodore Roosevelt, a quienes pone a disposición los servicios del directorio del Partido Revolucionario Puertorriqueño en caso de que estallase el conflicto. También entrega a éstos copias de mapas y otros documentos que señalan dónde están acuarteladas las tropas españolas y otros detalles de estrategia militar. Roosevelt le dice a Henna que es «la persona que nos hacía falta». El pensamiento de Henna es que Estados Unidos puede salvar a Puerto Rico haciéndolo independiente y que «la mayoría del pueblo resolvería en el porvenir pedir o no su anexión a la Unión Americana». No obstante la idea de Henna sobre este particular, lo cierto es que todas las memorias y publicaciones de la fecha del arribo de las tropas norteamericanas a la Isla destacan el ambiente de fiesta que se desarrolla al arribo de éstas y las ovaciones públicas con que son recibidas.

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